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PENSAMIENTO ETICO Y FILOSÓFICO DE EUGENIO ESPEJO
(1747-1795)
Agustín GARCIA BANDERAS
Espejo es el gestor
decisivo de las campañas de 1785. Sus ideas campean en las sesiones del
Cabildo. Sus ideas están constantes en la “Cartilla”en cuya redacción
estuvo presente en la celda de Fray del Rosario, así como estuvieron
todos los médicos de Quito. Sus instrucciones sobre el sarampión son el
resultado de una Facultad embrionaria que delibera sobre una lucha
epidemiológica, larvaria si, pero generosa, y que deja un documento
inicial primigenio que para la Medicina ecuatoriana debe ser de respetuoso
homenaje.
Eugenio Espejo: Médico y Duende. Enrique Garcés, 1944

Eugenio Espejo, representa a no dudarlo la figura paradigmática del médico
Ilustrado, en un Quito dominado por un espíritu colonial y guiado por el
pensamiento clerical, traído al nuevo mundo por los conquistadores ibéricos.
La cruz y la espada fueron los símbolos del sometimiento aborigen a los
aventureros intrépidos y codiciosos que venían a América en busca del mítico
Dorado.
En
este entorno, marcado por las diferencias de clases sociales, en las que
se combatían y despreciaban chapetones, criollos, mestizos, zambos e
indios; nace en Quito el 21 de febrero de 1747 el precursor de la
independencia que fue bautizado como Eugenio Francisco Javier Espejo, hijo
legítimo de Luis de la Cruz Espejo (Chusig), indio picapedrero de
Cajamarca y de Catalina Aldaz, chola mulata, hija de una esclava liberta.
Este hecho, los antecedentes de sus progenitores, marcarían de una manera
definitiva el temperamento y el accionar político, periodístico y médico
de este personaje, que con su pluma iracunda denostaba contra las
injusticias sociales de su época y censuraba por igual a clérigos
obcecados, petimetres y a los falsos médicos que eran un verdadero azote
de la Audiencia de Quito[i], [ii],
[iii].
Los
actuales estudios del Genoma Humano han demostrado que casi no hay
diferencias entre los microscópicos solenoides que llevan los caracteres
genéticos y fenotípicos de las razas que pueblan el planeta. Sin embargo
en todas las épocas de la historia han existido, existen y seguirán
habiendo esos prejuicios raciales, que son esgrimidos como títulos
nobiliarios ancestrales por individuos cuyo bagaje neuronal se encuentra
muy por debajo de aquellos que desprecian; la valía del hombre se mide
por su intelecto su amor a la libertad y los estudios profundos que
conducen a la sabiduría
Este
es el caso de Eugenio Espejo, quien estaba destinado por la
“circunstancia orteguiana” a ser médico, ya que su padre adquirió
renombre no sólo como cirujano sino como acertado clínico y el joven
Eugenio, inquieto, estudioso y rebelde, pasó su niñez y su juventud en
el viejo Hospital de la Misericordia, compartiendo el dolor, la
insalubridad y las miserias humanas, guiado por el religioso betlemita
Fray José del Rosario, con quien le uniría posteriormente una cordial
enemistad, pues el citado belermo se resintió hondamente por las críticas
de su pupilo.
“In illo tempore” en la Audiencia de Quito, los estudios superiores de los que estaban en
capacidad económica de afrontarlos eran de preferencia la Teología y la
Jurisprudencia; la Medicina estaba preterida y era poco rentable, como
sucede hasta hoy. Por esta razón Espejo además del estudio de estas
disciplinas y por supuesto del latín, que era el idioma de la gente
culta, se convirtió en el autodidacta que sería toda su vida y adquirió
las obras de Sydenham, Boerhawe, Hoffman, Ramazini y Tissot, entre otros,
en cuyas fuentes se nutrió de los conocimientos de fisiología, patología
, semiología, terapéutica e higiene; con este capital intelectual, se
presentó a rendir el grado de médico ante un tribunal ignaro que lo
reprobó por sostener la tesis de que no se podía vivir sin respirar.
Este tipo de paradojas se dan en nuestro país hasta hoy y en todas las
ramas del saber humano, hecho que conmueve y produce grima.
El título
de la Universidad de Quito lo recibió el 22 de junio de 1765 y su
pensamiento y ejercicio lo orientaron al neohipocratismo del Sydenham y
Boerhawe, que preconizaban un retorno a la medicina clásica, pero con la
aplicación del método analítico y la visión empírica racional, con lo
cual se plantearon nuevas concepciones del proceso salud enfermedad, que
superaban la tradición galénica.
Se ha
hablado con suficiencia de la calidad de salubrista de Espejo y de su
intuición visionaria al afirmar la existencia de “atomillos o corpúsculos
movibles”, que transmiten las epidemias. Por eso quiero referirme a su
actitud ética ante la vida y dentro del quehacer médico.
El
pensamiento ético médico de este polifacético personaje, se encuentra más
patente en las “Reflexiones acerca de la viruelas”, en la que fustiga
con su habitual estilo a los falsos médicos. Escuchemos que opina de
ellos: “Debía aquí hablaros de todo género de gentes que atraen algún
daño universal al público; pero me contentaré con decir que se lo
causan: (1) los que padecen el mal venéreo. (2) los tísicos y hecticos.
(3) los sarampionentos y virolentos. (4) los leprosos y (5) los falsos médicos.
Cabe resaltar que ubica a estas gentes que hacen daño a sabiendas, junto
aquellas víctimas de las epidemias que azotaban por ese entonces las
colonias americanas[iv].
Continúa:
“por más que muchos escritores hayan desacreditado el arte médico y
que hayan extendido sus invectivas hasta los mismos profesores, no es de
dudar que el arte es saludable y necesario a la humanidad, que el médico
bueno es el don inestimable que hace el cielo al lugar donde lo quiere
poner. Si este es malo, no hay peste tan devorante que se le parezca, ni
contagio más venenoso a quien se le pueda comparar. Trato de dar muy por
mayor una idea del médico instruido, para que se conozca su contraposición
que es el falso e imperito”.
“Por
cautela debería citar aquí a los malos prácticos, aunque por otra parte
aceptado por el vulgo y lleno de estimación de los incautos”. Mi
comentario al respecto es que en pleno siglo XXI no sólo que permanecen
sino que proliferan el curanderismo y prácticas alternativas las mismas
que tienen muchos clientes; esto se debe atribuir a que el avance de la
ciencia y la técnica a des humanizado progresivamente el ejercicio médico
y el paciente rechaza instintivamente ser diagnosticado y tratado por
misteriosos aparatos y prefiere el contacto de otro ser humano por
ilusorio que sea.
Varios
son los párrafos que dedica Espejo en sus obras para criticar la situación
sanitaria de la Real Audiencia y la ignorancia de los médicos que estaban
de moda en su tiempo. Citarlas excedería el límite de este corto
documento, pero juzgo indispensable enunciar el siguiente párrafo
perteneciente a la “Ciencia Blancardina”: “Regularmente los
charlatanes son los que se llevan el crédito y aprecio de profesores
dignos. No hay duda que en todo el mundo sucede algo de esto; más en esta
ciudad basta que alguno meta cuatro términos exóticos en la conversación
y que le de ganas de matar y se saldrá con ello. A estos embusteros no
los tendría por médico jamás; ya sea que se considere prevención de
genio el querer imponer con voces peregrinas al mundo, o ya que se juzgue
cortísimo alcance para la práctica curativa en los que no pueden hablar
con alguna pureza la lengua castellana. En fin, Quito en asunto de
Medicina es la misma noche, así para saber quien la posee y quien no como
para dirigirse a estudiar con método sus elementos”.
Pero
no todo es crítica hiriente aunque merecida. Espejo se ocupa de la vocación
del médico y de educación que debe recibir; oigamos estos párrafos:
“antes de llegar al estudio de la medicina, debe el que la quiere
profesar entrar en ella por una especie de vocación que inspira el genio
y cierta vehemente inclinación a profesar en medio de las ciencias y las
artes, una más bien que otras. Esta inspiración secreta demuestra en el
joven que le percibe un principio luminoso de discernimiento y por él ya
se puede prometer el mismo la cadena feliz de sus conocimientos y la
esperanza de lograr ser un buen profesor”.
“De
aquí que se debe pronosticar un suceso infeliz si un muchacho es llevado
al estudio de esta Facultad sólo por escasez de fortuna que no le permite
seguir otra carrera más brillante o por una condición servil que le
esclaviza a entrar en el asilo médico”
“A
la vocación médica debe seguirse la disposición previa de los buenos
talentos. Por cierto que no valen para los progresos de la medicina los
ordinarios. A los talentos sigue la educación: por excelentes que sean
las potencias naturales de algún gran genio, es preciso que ellas sean
cultivadas, pulidas y amoldadas por la enseñanza. De ordinario son más
perniciosos a la sociedad los buenos talentos sin doctrina que las almas
de plomo en su natural inercia”.
Lo
anterior expresa las condiciones innatas que debe poseer un profesional de
la medicina, así como los estudios que debe realizar, pero además de
prepararse debe tener un espíritu humanista y no solo observar sino
compartir el dolor del enfermo. Para ilustrar esto voy a citar algunas
frases de lo que debe ser y hacer el buen médico, las mismas que son
parte de su autorretrato:
“Desprecia
el fausto y la gloria vana y aunque desea las alabanzas, quiere las de las
gentes hábiles, de probidad y sinceras, que no tengan con él alguna
conexión de interés”
“Está
contento con su fortuna, que siendo escasa no le obliga ni solicita,
especialmente por caminos torcidos y de bajeza. Obra mejor, respeta a los
superiores, pero si se ofrece hablar con ellos les habla con modesto
desembarazo hasta de aquello que no quieren ni gustan oír”
“Hace
mejor el negocio de los otros que el suyo propio”[v].
Así
es como debe ser un buen discípulo de Hipócrates. Deontología es un
vocablo que previene del griego y significa el “debe ser”. Tomando en
cuenta lo citado anteriormente podemos concluir que Espejo fue también el
precursor de la Deontología médica ecuatoriana tanto por su actuación
como por su conocimiento de la legislación colonial sobre el ejercicio de
la medicina.
Hay más
testimonios sobre la moral en la vida y escritos de este singular y
escurridizo duende, que dedicó su existencia a combatir la opresión y la
injusticia reinantes en su época como en casi todas las de la historia;
luchó contra la discriminación de que eran objeto los de su raza, a
quienes se negaba hasta que tuvieran alma; denostó contra aquellos que
hacen de los bienes materiales su pequeño Dios personal, olvidando el
mensaje de Cristo; proclamó que la moral consiste en la mortificación ,
en la paciencia, en el desprecio de las riquezas y honores y en la negación
de sí mismo, teniendo como fundamento sólido la caridad, entendida no
como limosna humillante sino como solidaridad fraterna entre los hombres.
Los
dos pilares fundamentales de la ética son la libertad y la justicia,
valores absolutos y permanentes que definen al ser humano. Se necesita una
libertad filosófica y real para poder optar entre el bien y el mal; si el
hombre está privado de esta cualidad inherente a su especie o está
coaccionado, debe considerarse un ser infrahumano; y a la conquista de
esta libertad de pensamiento y expresión dedicó su existencia
y eso le valió el destierro, la prisión, la persecución política
y hasta la muerte.
En
relación a la justicia, reclama una justicia social que propenda al bien
común y advierte que todos deben cumplir con los deberes de su estado y
para lograrlo no hay mejor método que inspirarse en el Evangelio para así
elevar el corazón.
El teólogo
que habita en el hondón de su alma dice que: “el moralista debe mirar
el origen de las pasiones en común, pero por la sensibilidad de los
hombres puede medir la eficacia de las penitencias medicinales contra las
más nocivas para la tranquilidad del Estado, que son el orgullo, la
vanidad y la envidia”
Muchos
textos se pueden enunciar, entresacados de su prolífica obra, pero ello
demandaría mucho tiempo. Estimo que los que he comentado reflejan a las
claras la manera de entender la ética como la base fundamental del
convivir de la sociedad; la corrupción y la impunidad rampantes, en su época
como la nuestra, exigen una lucha diaria y permanente para inculcar los
valores morales desde la infancia y practicarlos en la profesión que nos
honramos en ejercer.
A modo
de colofón: Espejo, que nunca tuvo una lápida propia, ya que fue
inhumado en el cementerio de los indígenas, merece el homenaje perdurable
por parte de aquellos que somos sus colegas y en los monumentos que se han
erigido y se seguirán erigiendo, junto a los calificativos de Precursor
de la Independencia, higienista, médico y duende como lo bautizó Enrique
Garcés debe constar el de moralizador y paladín de las virtudes éticas.
Estudio de Caso: Médicos vs: “hombres-medicina” (shamanes)
Los médicos graduados en las universidades españolas difundieron en lo
que hoy es nuestro país una incipiente medicina científica, más
relacionada con el galenismo que con las nuevas ideas iatromecánicas o
iatrofísicas. Lejos de los centros de su inicial formación y con
escasa literatura médica renovada entre manos, solo eran capaces de
repetir viejas fórmulas, ya clásicas en el Viejo Mundo. Pero a ellos
se debe, no solo la difusión del nuevo saber médico sino también su
institucionalización, ya por su trabajo en los nacientes hospitales o
por su vinculación a la docencia en la Escuela Médica de Quito,
fundada el 13 de abril de 1693. Los agentes de salud de los pueblos aborígenes
del antiguo Ecuador, conocían las enfermedades, exploraban sus causas a
través de procedimientos rituales y adivinatorios para prodigar la
curación de los dolientes, mediante técnicas mágicas, religiosas, empíricas,
racionales y psicológicas. Utilizaban drogas alucinógenas para indagar
la causa de la enfermedad y el destino del paciente, y conocían también
numerosos tratamientos empíricos para mitigar todo tipo de males;
particularmente la herbolaria.
Preguntas de discusión ética
¿Cómo se expresan las ideas médicas de Eugenio Espejo, frente a las
penurias económicas y sanitarias en la Colonia?
¿Cual es la base filosófica fundamental de los preceptos éticos,
proclamados por el Dr. Espejo? ¿Qué pensadores europeos de la época
influyeron en sus proclamas?
Los “falsos médicos” criticados duramente por Espejo, ¿existen hoy?
Espejo, el precursor de la medicina social en América, sabía de todas
las responsabilidades de su profesión y sus deberes para con los
enfermos y colegas ¿Cuánto de su ideario ético tiene vigencia actual?
Analice los preceptos éticos de la práctica médica en la Colonia en la
perspectiva antropológica y religiosa.
¿El autorretrato de Espejo, tiene vigencia de lo que es y debe ser un
buen médico?
¿Por qué Espejo combatió la práctica médica hospitalaria de los
religiosos, del charlatanismo médico y del curanderismo intruso?
¿Cómo se proyecta la práctica médica aborigen, en nuestros días? ¿La
medicina occidental debe combatir a los “hombres-medicina” y sus prácticas
empíricas?
___________
Estrella,
E. Pensamiento Médico Ecuatoriano. Banco Central del Ecuador. Corporación
Editora Nacional. Quito, 2004.
Miño, R. El pensamiento médico
de Eugenio Espejo. Departamento de Publicaciones de la Facultad de
Ciencias Médicas de la Universidad Central del Ecuador. Quito, 1986.
Garcés, E. Eugenio Espejo: Médico
y Duende. Octavio Peláez Editores. MSP. Quito, 1996.
Bibliografía y Referencias
[iv]
Samaniego, JJ. El Dr. Espejo y la Deontología Médica. En: Eugenio
Espejo (1785-1985) Reflexiones sobre las viruelas. Edición conjunta
de la Facultad de Ciencias Médicas y Museo Nacional de Medicina.
Quito, 1985.
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