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LA PERSONA EN EDAD EMBRIONARIA
Prof. Dr. P. Ángel Rodríguez Guerro
Prof. Adjunto Asociado de la Facultad de Medicina
Dr. en Filosofía y Dr. en Bioética
“La genética moderna se resume en un credo elemental que es este:
en el principio hay un mensaje, este mensaje está en la vida y este
mensaje es la vida”
(Jerôme Lejeune).
Resumen
El embrión puede ser mirado como pura “cantidad” de células o como
paciente, individuo, ser humano, persona. Esta distinta perspectiva
cambia totalmente la manera de tratar al embrión (o al feto), su valor,
su dignidad. Se trata de temas que dan origen a complejas polémicas
antropológica, éticas y biopolíticas. Al origen de estos debates, el
autor pone el “reductivismo materialista” que cada vez más invade la
ciencia y la técnica.
Que el embrión sea más que pura cantidad de células e informaciones
objetiva del ADN se destaca de fenómenos biológicos como la coordinación
y la continuidad del crecimiento, la autonomía y la relación con la
madre, las maneras personalizadas para dirigir, reprogramar e
interpretar la información genética. Pero, sobre todo, el conocimiento
de quién es el embrión viene cuando se mira en un horizonte metafísico
de la realidad. Aquí, a la luz de que es el espíritu, de una relación
“increada” con el Creador se puede dar el justo valor humano al embrión
y no reducirlo a puras prestaciones mentales o desarrollo físico.
Abstrat
The embryo can be viewed either as a “bunch of cells” or as a patient,
and individual, a human being, a person. These two different views lead
to quite different ways of approaching the embryo (the fetus) in
relationship with his value and dignity. We are in front of a subject
which is the origin of various debates concerning anthropological,
ethical and biopolitical considerations. The author considers that the
“materialistic reductivism” is at the source of these discussions, which
permeates present day science and technology.
It can be inferred that the embryo is not a “bunch of cells” or DNA
information from certain biological aspects of development, such as the
coordination and continuity, the relationship with the mother and the
personalized way of guiding, re-programming and interpreting the genetic
code. However, in order to know what or who is the embryo, it is
essential to contemplate from a metaphysical horizon. From this
viewpoint, considering that the spirit is essentially an “un-created”
relationship with the Creator, we will be in a position to give the
propper human value to the embryo, avoiding the reduction of the embryo
to a set of mental or physical processes.
Introducción
El 3 de febrero del 2003, salía a la luz pública en Italia una
declaración hecha por 12 docentes de varias universidades del
territorio italiano, sobre “El embrión como paciente”, que se
desarrolló en la Universidad de la Sapienza de Roma. Esta declaración
dará origen a no pocas polémicas en Italia; entre otras en un
Congreso que realizó el 14 de octubre del 2004 sobre el “Feto come
paciente”. La nota que más interesa a nuestro estudio es la
siguiente: “La formación del embrión desde la fecundación hasta el
nacimiento y en todo el proceso de crecimiento y desarrollo sucesivo, es
un proyecto finalizado. Su ciclo vital y su desarrollo están
caracterizados por tres propiedades biológicas bien conocidas: la
coordinación, la continuidad y la graduación:
La coordinación,
es un proceso donde existe una secuencia e interacción coordinada de
actividades moleculares y celulares bajo el control de un nuevo genoma,
que está modulado por una cascada ininterrumpida de señales, trasmitidos
de célula a célula y desde el ambiente al interno y externo de la
célula.
La continuidad,
permite al nuevo ciclo vital de proceder por acontecimientos sucesivos ,
el uno al otro se sigue sin interrupción.
La graduación,
es una propiedad que implica y exige una regulación que tiene que ser
intrínseca a cada embrión singular y permite alcanzar, gradualmente la
forma final”
Efectivamente, cuando se trata el tema del embrión como paciente se
tiene la impresión de que tenga que ser tratado aparte, fuera del tema
de la relación médico-paciente. Y la razón se encuentra en que, en esta
“relación”, en muchos casos no tiene un médico sino simplemente un
técnico de laboratorio. Aparte que respecto del otro miembro de la
“relación”, se tiene más bien la concepción de que no es una persona
humana.
El hecho que el embrión no sea tenido en esta relación como persona
encuentra sustento en que se le exige, ya desde sus primeros estadios de
vida, un estado de perfección física de tal naturaleza que
difícilmente se encontraría esa perfección física en la persona ya
nacida y crecida. Habría que decir, en todo caso, que aún
encontrándole toda esa perfección, desde que ve la luz en este mundo
nadie puede garantizarle que la conservará hasta su muerte.
Es precisamente en esta especie de búsqueda de una salud “absoluta” que
el embrión se convierte en un paciente del todo particular,
“alguien” a quien si se le encuentra por medio del diagnóstico
prenatal, no digo ya alguna enfermedad congénita, si no algún gen que
en su desarrollo futuro pudiera dar lugar a alguna enfermedad grave o
menos grave, este “paciente-embrión” será eliminado, cosa que no sucede
con una persona adulta, pues sería penalizado por la ley.
En la mayoría de los casos, viene tratado no como un paciente a
quien haya que ayudar y curar sino como un objeto, un cúmulo de
células que en sus primeros estadios de desarrollo manifiestan su
carácter totipotencial e indiferenciado y pueden servir para la
reproducción de órganos o para las distintas formas de reproducción
artificial. Lamentablemente no se le reconoce el carácter de persona y,
por tanto, tampoco goza de dignidad alguna. Frecuentemente, es sólo
materia que sirve para el capricho del investigador en el laboratorio.
Por ejemplo, a un niño apenas nacido sus padres lo llevan al pediatra;
en cambio, el embrión a veces no tiene ni siquiera un padre que lo
reconozca y, cuando ya se lo reconoce, muchas veces es hijo del deseo
o del capricho de alguien. De este modo el hijo cuando se lo deja nacer
no es un don, sino un deseo al cual –yo adulto- tengo derecho.
¿Existirá, me pregunto, un solo adulto en el mundo que no haya sido
alguna vez una sola y única célula de la especie humana?
La congelación de los embriones para que sirvan como materia de estudio
lleva a la consideración del embrión como “cavia di laboratorio”.
La ley 40 en Italia ha tenido el mérito de parar el masacro silencioso
de tantos embriones que no pueden gritar “¡quiero vivir!”. Se vuelve a
la esclavitud, a considerar a los embriones como esclavos. Aquí el
problema está más allá de si la vida inicia o no en el acto mismo de la
concepción, sino si esa vida humana sea una persona. Esto trae consigo
aceptar que existe un tipo de vida humana que no es persona y como tal
puede ser sacrificada.
Este elemento discriminatorio, curiosamente, se encuentra en todas
aquellas culturas que han considerado la esclavitud como práctica
corriente del todo lícita. Es un ser humano, pero no es una persona.
Esta es una actitud racista extremadamente peligrosa.
En el tiempo presente, estamos asistiendo a una revolución en el campo
de la biología que ha llevado a un mayor conocimiento de cómo ocurren
los procesos biológicos sobre todo en la primera edad embrionaria lo que
abre las puertas a un gran campo de investigación para beneficio del
embrión humano; pero también posibilita toda una serie de manipulaciones
que afectan a la protección de su vida, que especialmente se haya
amenazada ya desde su inicio; esta situación demanda una reflexión
ética.
Los recientes avances tecnológicos como la secuenciación del genoma, la
clonación de mamíferos usando células adultas como donantes de núcleos y
el establecimiento de líneas celulares embrionarias han llegado tan
rápidamente; que no se ha reflexionado suficientemente sobre los
aspectos éticos, sociológicos y morales que entrañan. Particularmente,
usar embriones humanos para la investigación y para uso terapéutico en
adultos plantea una serie de dilemas éticos que parten del supuesto de
cuál estatuto antropológico ha de darse al embrión. La manipulación
afecta también a la selección de embriones en los procesos de
fecundación in vitro con la consiguiente eliminación de los
embriones no elegidos, y también a la practica del aborto en estados
posteriores del desarrollo.
Las relaciones ambiguas que se han instaurado entre ciencia y poder, a
partir del Renacimiento, encuentran hoy un momento de particular
densidad crítica ante las nuevas posibilidades de manipulación de la
vida humana mediante las biotecnologías. El señorío sobre la vida puede
llegar a ser un instrumento radical de dominio sobre los hombres. De
esta manera el problema ético tendrá que ver también con la dimensión
biopolítica.
El así llamado dato científico no nos llega nunca neutro sino siempre
injertado en el interior de un proyecto que se acredita a sí mismo y
que adquiere una notoriedad implícitamente normativa. Incluso, se habla
a propósito de imperativo tecnológico: todo aquello que es
posible experimentar desde el punto de vista técnico-científico hay que
realizarlo para no frenar el progreso de la humanidad que tiene su motor
principal en la ciencia.
El resultado de este método reductivo de la ciencia, aplicado al embrión
humano, tampoco nos llega neutro. En estos temas referentes a la vida,
la ciencia abandona frecuentemente su método y da un salto que podríamos
llamar ilegítimo, definiendo su objeto desde el ámbito y metodología
experiencial que no es el propio. La vida es mucho más que los
componentes físico-químicos que la componen; se escapa, por tanto, a
lo cuantificable objeto específico del método experimental. Se puede
decir con razón que el método experiemental, aplicado a la vida de un
embrión, por ejemplo, es enormemente reductivo; además, está costringido
a la consideraración solamente de algunos aspectos de la realidad de
ese embrión, dejando fuera otros, -sin duda los más importantes-. Y
para los que no está autorizado a hablar, tendría que dar un salto
ilegítimo a las ciencias del espíritu. Razón por la cual la biología no
puede reducirse a una matematización del mundo de la vida. La vida
humana no pertenece solamente al saber de la biología.
Este reductivismo, por otro lado, sumerge al ser humano desde su
concepción hasta su muerte en un materialismo de tal naturaleza que hace
imposible cualquier definición de valor, cosa que queda desmentida por
el hecho comprobado de que toda persona es + que todo objeto, + que todo
método y + que toda ciencia. No la ciencia y sí el ser humano que la
produce, es quien ejerce el señorío sobre lo cuantificable, sobre la
naturaleza. Se hace necesario, pues, desprenderse del prejuicio tan
generalizado de aquello que no es probado científicamente no es
considerado verdad universal.
Por lo tanto, en el reductivismo del método experimental, hay un
materialismo implícito, por cuanto que para él sólo existe lo
“cuantificable”, “la cantidad medible”, existe sólo la materia.
La naturaleza ya no es mater, más bien sólo materia con la
cual el ingenio humano tratará de multiplicar indefinidamente sus
invenciones.
Todo viene concebido como contingente, casual para que pueda ser
libremente manipulable.
1. Algunas notas históricas sobre el embrión y feto humanos
Algunas notas históricas referidas por Carrasco de Paula..
Está probado históricamente que en el mundo clásico, especialmente en la
Roma Imperial, el recién nacido no gozaba de gran consideración. La
actitud en relación con el infanticidio y el aborto eran muy permisivos.
Se destruía el feto o se asesinaba a una criatura apenas nacida por
diversas razones: para encubrir relaciones sexuales ilegítimas, para
eliminar una complicación o para salvaguardar la belleza del cuerpo.
No obstante, el sentimiento de que el apenas nacido mereciese un mínimo
de respeto era bastante común, en especial entre la gente sencilla. Ni
siquiera en los momentos de mayor relajación moral, la muerte del niño,
antes o después del nacimiento fue considerado una práctica banal o
indiferente. Ovidio refiere un comentario espontáneo del pueblo durante
los funerales de una mujer que murió por causa de un aborto voluntario:
¡Se lo ha merecido!
Platón (427-347 a.C.), por ejemplo sostenía que en una república ideal,
los hombres y las mujeres que hubieran superado respectivamente los 55 y
40 años podían tener relaciones sexuales libres con la condición de que
no procrearan hijos. Por lo tanto si hubiera sido necesario tendrían
que recurrir al aborto e incluso al infanticidio.
El mismo Aristóteles (384-322 a C.) no era contrario a la eliminación de
los apenas nacidos minusválidos. Admitía también el aborto con la única
limitación de que fuera practicado antes de que el feto tuviera
sensibilidad.
La tesis de Ulpiano había sido propuesta en el siglo V a.C. por
Empédocles. Este autor retenía que el embrión recibía el aliento vital
en el momento del nacimiento. La tesis no fue acogida en los medios
médicos, donde por la evidencia de los datos embriológicos, entonces
conocidos, dominaba la doctrina de Hipócrates; según la cual el feto se
desarrollaba en cuatro etapas morfológicamente diferenciadas.
Aristóteles elaboró una teoría comúnmente aceptada por muchos siglos,
sobre la base a un esquema con tres niveles de vida: un alma vegetativa,
un alma sensitiva y, finalmente, un alma racional, propia del ser
humano. La infusión del espíritu en los hombres ocurría a los 40 días
de la concepción mientras que en las mujeres era más tarde, alrededor de
los 90 días.
Con el advenimiento del cristianismo, se aceptó la tesis de Empédocles.
Según esta opinión, el feto está en el útero como el fruto en la
planta; mientras está unido a la planta, no tiene una existencia
propia; igualmente el feto, antes de nacer, no debería ser considerado
un sujeto moralmente significativo.
En la sociedad greco-romana no había medida alguna penal que protegiera
al apenas nacido. Pero cuando en el siglo III, se debilitó la autoridad
paterna, aparecieron algunas medidas penales. Se trataba de leyes que
imponían penas severas tanto a mujeres casadas y divorciadas que
abortaban contra la voluntad del marido. Estas leyes no miraban a la
protección del feto, sino más bien a tutelar los derechos del padre
sobre la prole y a salvaguardar la incolumidad física de la madre.
Precisamente, en la Didaché encontramos “no matarás al niño con
el aborto y no lo suprimirás apenas nacido”. Ésta introduce un argumento
importante: los hijos son obra de Dios, por tanto tienen un dignidad
particular y no pueden ser considerados propiedad de los padres.
2. ¿Qué clase de fenómeno o acontecimiento es el embrión humano?: la
vida un proceso continuo
En el contexto intelectual y académico chileno, es Juan de Dios Vial
Correa
quien se hace esta pregunta sobre un tema que se ha hecho polémico, y
en el que para calificar al embrión se recurre a términos muy
diferentes, según el gusto o la convicción de la persona que los
emplea. Se dice que es un "ser", una "vida", un "individuo", hasta una
"persona". Y cada uno de estos términos puede ser justificado dentro de
algún contexto. Pero, en la práctica, ocurre que "persona",
"individuo", "vida" o "ser" son palabras que tienen significados
distintos para distintos hablantes, según la posición filosófica que
ellos tengan.
Para darnos una respuesta preliminar, parte del contexto, reconózcase
con toda honestidad que nuestros conocimientos sobre el embrión se
obtienen por métodos científicos. Con esta mirada, podemos llegar
muy lejos antes del momento en que tengamos que recurrir a disciplinas
distintas de la Biología.
De ahí que todas las reflexiones sobre este interrogante, hacen
referencia al hecho de que el embrión humano es un organismo
perteneciente a la especie humana. Una afirmación así, está diciendo
que el embrión es uno de nosotros, se parece a cualquiera de nosotros,
en el hecho de que ambos somos organismos pertenecientes a la especie
humana.
Lo primero es explicar por qué un cigoto
es un organismo. Para eso se detiene en dos rasgos fundamentales de
cualquier organismo: Todo organismo sigue un camino de desarrollo
"robusto" y prescrito por la especie: o sea su estado en cualquier
instante de su vida puede ser predicho con razonable exactitud, y el
trayecto es regulado contra perturbaciones externas. (Trayectoria de
desarrollo no es pues un término vago, ni extra-científico).
La evolución de estos caminos de desarrollo tiene lugar dentro de un
espacio delimitado físicamente.
Comentando el requisito de un camino de desarrollo predictible
recuerda que éste se relaciona con el hecho de que los organismos son
reactores químicos que operan en puntos distantes del equilibrio
termodinámico y en los cuales son prominentes los procesos de
autocatálisis. Sistemas químicos con esas características tienden a la
autoorganización. Pero en sistemas físico-químicos "inanimados" que
tengan esas características, no encontramos nada de la estabilidad y
autorregulación que son prominentes en los sistemas vivos. Interesa
entonces mostrar que estas propiedades se relacionan estrechamente con
las bases de la Bioquímica.
“Saunders ha resumido estas últimas características de un modo bastante
adecuado al decir: "Una de las características más llamativas del
proceso de desarrollo es que es estable... Lo que es estable no es el
estado del embrión en un momento dado sino su camino de desarrollo". (…)
Ahora bien, parece razonable pensar que una trayectoria estable de
desarrollo corresponde a una dinámica físico-química que sea
ordenada-no caótica. Y al pensar en las condiciones necesarias
para generar una dinámica de ese tipo, uno se encuentra con algunas que
dan una luz interesante. Es relativamente fácil simular la evolución de
redes muy complejas de reacciones químicas con tal que cada una de estas
reacciones tenga una alta especificidad o sea que cada una de las
especies químicas pueda reaccionar sólo con un número limitado de las
otras que están presentes en el sistema. Kaufmann lo expresa señalando
la necesidad de redes de baja conectividad, o lo que es lo mismo de
reacciones de alta especificidad en las que intervienen moléculas de
alto contenido informacional.”
Lo anterior sugiere que -al menos en parte- la presencia de trayectorias
de desarrollo homeorréticas, robustas y predecibles es una expresión de
que el sistema es un sistema dinámico complejo formado por moléculas de
alto contenido informacional -respecto de las reacciones en las que
participan. Un testimonio "experimental" de la robustez de las
trayectorias es la FIV. Comentando el requisito de unidad discreta o
sistema físicamente circunscrito, habría que decir que él se
establece en un momento preciso, cuando de dos células, se hace una
sola, al fusionarse las membranas del espermio y el óvulo en la
fecundación. Allí se establece un sistema de macromoléculas de
composición enteramente nueva: el proteoma del zigoto es
obviamente distinto del de los gametos, aunque se lo considera
(hipótesis perfectamente legítima como una suma de ellos). Este
proteoma es el punto de inicio de la trayectoria de desarrollo de un
nuevo organismo. “La vida es un fenómeno altamente dinámico que puede
ser descrito e interpretado a través del estudio de los procesos
vitales y de sus interacciones”.
Para Polanyi, sin embargo un organismo viviente es igual que una
máquina, es un sistema físico controlado por dos principios generales
distintos. Uno superior: la estructura biológica en todos sus
niveles y uno inferior, esto es, los procesos físico-químicos
mediante los cuales el organismo cumple sus funciones metabólicas y
fisiológicas
El segundo punto de la caracterización que hace Vial Correa es :
organismo de la especie humana. El sello de la pertenencia a la
especie es de nuevo la trayectoria previsible del zigoto, la cual se
puede corroborar con estudios cromosómicos. Conviene hacer una
breve descripción del comportamiento del proteoma del zigoto en las
horas que siguen a su constitución por la penetración del espermio.
Recuérdese que en la génesis de estos cambios, participan elementos de
origen tanto paterno como materno los que ahora entran al diseño de
una trayectoria conjunta.
La penetración del espermio trae eventos inmediatos que bloquean la
polispermía, reforzando así la condición de "unidad discreta" que tiene
el zigoto. Son ellos, los cambios electroquímicos en la membrana. Los
componentes de la cabeza espermática sufren cambios importantes: la
envoltura nuclear se desintegra; se observa un decondensación de la
cromatina cuyos correlatos bioquímicos son la reducción de los grupos
disulfuro de las protaminas, y el reemplazo de éstas -proteínas
características del espermio- por histonas de origen ovular. (Mientras
esto ocurre, la cromatina materna pasa a interfase). Luego se
desarrolla la envoltura nuclear en torno a la cromatina de origen
espermático. La síntesis de ADN empieza entre 8 y 14 horas después de
constituídos los pronúcleos, obviamente con participación de especies
químicas de ambas procedencias.
Tenemos así por ejemplo, que en el llamado "pronúcleo masculino" la
mayor parte de sus componentes (con la fundamental excepcion de la mitad
del ADN) son de origen ovular. El proceso hasta aquí es una línea de
desarrollo en la que intervienen cooperativamente biomoléculas de origen
espermático y de origen ovular. Los pronúcleos se ubican luego en el
centro del zigoto y los centríolos provenientes del centríolo del
espermio únicamente se ubican hacia los polos, con lo cual se puede
iniciar la fase “M” de la primera división de segmentación. De este
modo, todos los procesos que llevan a ella requieren de la acción
cooperativa de biomoléculas paternas y maternas entrelazadas en una
única línea de desarrollo. Hasta la etapa de cuatro blastómeros, el
desarrollo del embrión se opera en un proteoma peculiar, frente a un
genoma silencioso. Lo único que se puede colegir es que hay una
etapa de la vida individual en la cual la trayectoria de desarrollo se
prosigue sin intervención del genoma y por la interacción de otras
biomoléculas.
Vale la pena recordar aquí dos cosas: a) veíamos que la mantención de
una dinámica ordenada requiere el desarrollo de reacciones altamente
específicas entre moléculas de alto contenido informacional: no está
entre los requisitos que entre ellas deban figurar
ininterrumpidamente los ácidos nucleicos; y b) hay hipótesis sobre
biogénesis que postulan la mantención prolongada de fenómenos vitales
sin presencia necesaria de ácidos nucleicos.
Cuando se habla aquí de “trayectoria”, se está aludiendo a un proceso
que es continuo. Lo que significa que cualquier evento visible o
detectable, se inicia realmente con antelación. Por ejemplo con la
síntesis de las especies químicas que participarán en él: es evidente,
tanto en las ciencias experimentales como en las experienciales que toda
variable, en un proceso de desarrollo, se apoya necesariamente en una
constante que la da dirección y sentido, sin la constante la variable
sería verdaderamente caótica. En otras palabras, el individuo humano
se constituye por la interrelación integrada de todo lo que él es y no
sólo por su DNA. En la actualidad, sabemos que los genes son los
elementos que definen la herencia. Sin embargo, como hemos visto recién,
existen muchos elementos celulares citoplasmáticos que contienen las
informaciones que dirigen, reprograman e incluso interpretan la
información contenida en los genes. No heredamos solamente genes, sino
una amplia gama de flujos moleculares que modulan y dirigen la
información genética. Estos flujos son capaces de hacer que un núcleo de
célula somática con cierta diferenciación terminal pueda direccionarse
a otro estado. Más aún, nos dice Rodrigo Guerra: “Existen elementos
maternos que influyen en la determinación de los fenotipos. De ahí que
exista en la actualidad la opinión generalizada respecto a lo que no
son sólo las informaciones del cigoto las que lo “constituyen”, sino
que durante un cierto tiempo se despliega un proceso en el que los
elementos, provenientes de la madre colaboran a la constitución de lo
que eventualmente será propiamente el programa de desarrollo. Un ejemplo
a este respecto es la función de la hormona T4. Esta hormona regula la
expresión de los genes del embrión que son esencialmente para el
desarrollo del sistema nervioso. Sin ella, por más que se tenga un
código genético completo, éste no se expresa de la manera adecuada y por
ende no cumple su función plena de programa de desarrollo
En otras palabras, el DNA del embrión no transporta toda la
información programática necesaria para el desarrollo. La
información está contenida en una red compleja de interacciones del
conjunto celular que incluyen al genoma pero que no están limitadas por
él.
Así por ejemplo, la llamativa "compactación" (en la etapa de 8-16
blastómeros del ratón) está marcada por la aparición de "tight
junctions" y "gap junctions" algunos de cuyos componentes
(conexinas 43 y 201) se están expresando desde el estado 4; lo que no
es sorprendente. Pero si se lo mira desde el punto de vista de la
trayectoria, significa que los eventos de cualquier instante que se tome
son parte de la realización de algún evento posterior. Y esto no es
ninguna forma de "teleologismo", sino la expresión del hecho de que la
trayectoria con sus diversas fases está inscrita en las características
de la especie animal de que se trate.
Cada uno de nosotros pasó por ahí en un momento de su vida, porque cada
uno de nosotros es un organismo de la especie humana, tal como lo fue
desde la fecundación. La trayectoria que conduce hasta nosotros es
perfectamente continua. No ha tenido interrupciones. Si se quiere se
pueden introducir etapas para su estudio o análisis, pero en todas
esas etapas estamos hablando de un organismo de la especie humana En
especial, nunca fuimos una "célula" -a secas como cualquiera- porque no
hay ninguna célula a secas que tenga una trayectoria predictible en la
que haya de devenir un organismo adulto. En cuanto a verdaderas
discontinuidades en la trayectoria no hay más que dos: la iniciación del
nuevo sistema dinámico con la fertilización, y su término con la muerte.
3. ¿Cuándo el embrión es considerado un ser humano?
Hay, como veremos, quien argumenta que el embrión no se es ser humano
integralmente hasta que no se posee las características de
autoconciencia, intuición, pensamiento, memoria e imaginación y, por
tanto, en las etapas iniciales del desarrollo no hay un deber de
protección de esa vida. Ante ésta argumentación, hay que decir que
aunque tales características no están todavía desarrolladas en el
cigoto, están presentes los genes para su desarrollo en interacción con
el ambiente. Desde un punto de vista biológico el principio
generativo se encuentra en los genes de tal forma que el programa
fisiológico y psicológico del cigoto está ya predeterminado por su
constitución genética desde la fecundación, aunque en la determinación
definitiva intervengan factores ambientales.
Uno de los primeros interrogantes: ¿Cuándo se nicia la vida humana? O
más precisamente ¿cuándo empieza a existir un ser humano? Parece una
respuesta descontada a primera vista: la vida del ser humano empieza
biogenéticamente en el momento de la concepción, de la fecundación
(o como se prefiere en el lenguaje científico: la fertilización).
Científicamente, se habla de “fertilización” para indicar la unión de
los gametos, el masculino y el femenino. El término “concepción”
se usa a veces para indicar la implantación del embrión en el útero. Por
otro lado, el término “concepción” tiene una fuerte connotación
teológica poniendo mayor atención en la “animación”.
Investigar sobre el inicio biológico o genético de la vida del ser
humano significa individuar el momento preciso en el cual los gametos
humanos (el óvulo y el espermatozoide) son un embrión humano. Antes de
ir adelante hay que hacer esta aclaración y precisación: Las células
germinales humanas son “vida humana” si bien no todavía vida de un nuevo
ser humano. Terminada esta aclaración volvamos a la pregunta ¿Cuándo
los dos gametos son un ser humano? en otras palabras. ¿ cuándo
los gametos cambian su naturaleza? O también: ¿cuándo se
constituye biológicamente y genéticamente el ser humano?. La
respuesta: “en el momento de la fertilización es fuertemente
rechazada” a la luz de las nuevas concepciones científicas.
Particularmente, a la luz de los últimos descubrimientos demuestran que
la fecundación no es un acontecimiento simple, instantáneo o
estático, sino un proceso dinámico y complejo que se
desarrolla en el tiempo (alrededor de 24 horas), desde el momento de la
penetración del espermatozoide en el óvulo hasta cuando alcanza el
estadio de “singamia” (o sea, el momento de la fusión completa de todos
los cromosomas de las células germinales).
Las preguntas que se nos hacen son ¿la célula en “presingamia” es ya
un ser humano genéticamente y biológicamente? ¿la fertilización coincide
con la penetración del espermatozoide en el óvulo o con la singamia (es
deir, con el inicio y el final de ese proceso)? Es una cuestión
relevante en bioética porque se trata de valorar la importancia
ético-jurídica de la fertilización. Dos son las tesis contrastantes: 1)
La tesis de quien sostiene que el ser humano sea ya bio-genéticamente
constituido desde el momento de la penetración del gameto masculino en
el gameto femenino y la tesis opuesta. 2) Quien argumenta la
presencia del ser humano solo desde el momento de la singamia. Esta
última tesis representa ya un intento de postergación del
inicio de la vida del ser humano respecto el momento inicial de la vida
humana, o sea el momento del inicio del proceso de la
fertilización.
Los principales argumentos a favor de la tesis que sostiene el
inicio del ser humano en el momento de la penetración del gameto
masculino en el gameto femenino se pueden resumir en las siguientes
consideraciones:
- La pérdida de la identidad separada del espermatozoide en el momento
en que es incorporado en el óvulo constituyendo una única célula
singular unificada ( en el momento de la penetración las membranas de
las respectivas células se abren y ponen en común el material genético,
iniciando una intensa actividad de mezcla y de interacción).
-
La observación científica del inicio de la constitución y de la
determinación de la identidad genética.
-
Y finalmente, la adquisición por parte de la célula huevo fertilizada,
de la “nueva capacidad” de organizar todas las fases del desarrollo
sucesivo de la vida humana.
En este sentido, la singamia no constituiría nada nuevo (por lo
que se refiere a la estructuración genética). Sería sólo un momento más
del proceso ya iniciado anteriormente.
Sabemos con certeza, nos dice Jerôme Lejeune, que toda la información
que definirá a un individuo, que le dictará no sólo su desarrollo, sino
también su conducta ulterior; de ahí que sabemos que todas esas
características están escritas en la primera célula. Y lo sabemos con
una certeza que va más allá de toda duda razonable, porque si esta
información no estuviera ya completa desde el principio, no podría tener
lugar. Efectivamente, ningún tipo de información entra en un huevo
después de su fecundación (...) Esa pequeña “mora” que anida en la pared
del útero, es ya diferente de la madre, ya tiene su propia
individualidad y, lo que es difícil de aceptar, ya es capaz de dar
órdenes al organismo de la madre. Este minúsculo emnbrión, al sexto o
septimo día, con tan sólo un milímetro y medio de tamaño, toma
inmediatamente el mando de las operaciones. Es él y solo él, quien
detiene la menstruación de la madre, produciendo una nueva sustancia que
obliga al cuerpo amarillo del ovario a ponerse en marcha, fuerza a su
madre a conservar su protección. Ya hace de ella lo que quiere ¡y Dios
sabe que no se privará de ello en los años siguientes!
En contra de esta posición hay algunas objeciones teóricas y prácticas
por parte de G.R. Dunstan,
S. Buckle, K. Dawson y P. Singer
que ponen en duda la identidad genética y biológica del ser humano en
la primera fase de la formación del zigoto. Las argumentaciones se
pueden sintetizar de la siguiente manera:
Del proceso del fenómeno se deduce la no identificabilidad de la
existencia de un individuo (o de una identidad humana).
De la posibilidad de distinguir el material genético del espermatozoide
en el óvulo (aunque la cola y la membrana del espermatozoide son
absorbidos), se infiere la negación de la unidad de la célula en
pre-singamia.
Esto es, se trata del fenómeno del zigoto (en esa fase) con 69
cromosomas, en vez de 46 cromosomas (número característico de la especie
humana) cuando son dos los espermatozoos que fecundan el óvulo y es
posible un rechazo por parte del material genético.
La capacidad de desarrollar características humanas, como pensar,
querer, amar etc. (en el texto se añade “llegar a ser un ser humano
consciente” o “una persona”) no significa ser ya aquello para lo
que se está capacitado llegar a ser: la posesión de una capacidad no
coincide con el ejercicio actual.
A la luz de cuanto se ha dicho, muchos más autores han avanzado la
tesis de que la célula en pre-singamia no posee una identidad
genética ya que los constituyentes genéticos no están todavía
unificados y determinados. No obstante, el que exista un proceso no
significa la negación de la presencia de un individuo y de un sujeto
con su propia identidad, Por ejemplo, la infancia es también un proceso
y todo el ser humano hasta su muerte es un proceso, basta mirar las
fotografías de la propia historia.
Las siguientes características fundamentan el hecho de que desde la
fecundación existe un individuo de la especie humana:
1)
Novedad biológica,
al unirse la información de las dos células germinales para dar lugar al
cigoto como ser biológicamente único e irrepetible (hay que decir a este
respecto que incluso los gemelos no son exactamente iguales
biológicamente).
2)
Unidad, ya que el genoma actúa como centro organizador
del desarrollo del nuevo ser.
3)
Continuidad, siendo el proceso de desarrollo un continuo
desde la fecundación a la muerte.
4)
Especificidad, ya que el genoma del cigoto pertenece a la
especie homo sapiens .
5)
Autonomía, ya que el genoma del embrión actúa de forma
autónoma para dirigir el desarrollo (se entiende que la autonomía no es
absoluta, hay interacción con el útero de la madre).
6)
Capacidad de relacionarse y unirse, que varía con el
desarrollo: interacción con el útero, comunicación, sexualidad.
En este sentido se
ha creado, socialmente, una gran confusión sobre el estatuto del
embrión. Para distanciar conceptualmente el aborto y la selección con la
eliminación de embriones respecto de la muerte de un ser humano; se ha
introducido la idea de que el embrión no es un individuo humano y además
se ha realizado una clasificación entre embrión y preembrión para
justificar la manipulación de los primeros días del desarrollo, cuando
en realidad se trata del mismo ser, con la única diferencia de su estado
de desarrollo. Se cuestiona particularmente la unidad (ser uno solo) y
unicidad del embrión (ser único e irrepetible). El argumento que niega
que el preembrión (los primeros 14 días del desarrollo) sea ser humano
está basado en los siguientes hechos biológicos: 1) La dificultad
del proceso de implantación, crítico para el desarrollo; la
división celular del cigoto no siempre resulta en un embrión viable, hay
un alto porcentaje que no se desarrolla por causa de fallos en el
proceso de implantación. 2) El preembrión se encuentra en
estado de dependencia genética, necesita de información externa
para poder desarrollarse. 3) las células del preembrión poseen
plena capacidad de desarrollo debido a que no están
diferenciadas y son capaces de desarrollarse tanto como células fetales
como extraembrionales, dependiendo de información externa, de tal manera
que no todas las células se convierten en el embrión. Se plantea a su
vez la cuestión de si las células totipotentes del embrión pueden ser
manipuladas, ya que puede ocurrir que no tengan aun definido su destino
en cuanto a ser precursoras del embrioblasto que formarán las células de
la masa interna o del trofoblasto (placenta); así mismo, las células de
la masa interna, unas dan lugar al epiblasto y éstas al disco
embrionario o embrión propio y otras originan el hipoblasto que
producirá las estructuras extraembriónicas (saco vitelino, etc). 4)
La posibilidad de formación de gemelos antes de la implantación
o de quimeras postcigóticas por unión de embriones, lo que pone en
cuestión la individualidad del preembrión; de esta manera se trata de
decir que no es un ser humano individual.
Cabe señalar, respecto de estos cuestionamientos, que el proceso de
desarrollo de toda vida humana, se dan con la misma necesidad una
constante y una variable, esto es un canon y un régimen de vida. La
constante está definida por el hecho de que la persona es siempre la
misma, no tiene muchos “yos” a lo largo de toda su vida, existe un único
“yo” o persona, no obstante las inclemencias a las que el tiempo somete
a la carne humana. La variable lo constituye el proceso de desarrollo
biológico que desde que inicia camina hacia su muerte, por lo tanto, no
hay nada más que dos interrupciones en dicho proceso, la fecundación
en cuanto inicio y la muerte en cuanto fin.
En palabras de la Palazzani: “el proceso no anula la individualidad ni
la identidad del ente que forma parte del proceso: el proceso indica la
sucesión secuencial de estados de desarrollo en el tiempo…”
De este modo y contra el argumento que niega la unificación de la célula
zigótica, es suficiente la observación factual de la intensidad de
la actividad de interacción entre los cromosomas de las células
germinales, inmediatamente después de la penetración del
espermatozoide.
Es un dato de hecho que los dos gametos, cogidos singularmente, no
tienen las mismas capacidades que el ovulo fertilizado, esto es, no
pueden empezar ni organizar un proceso de desarrollo si no interviene
una causa externa que los haga encontrar.
El conocimiento científico nos lleva a la consideración de que la
“fertilización” no es “un evento”, o sea, un suceso “estático” e
“instantáneo” en un determinado espacio y un preciso momento sino más
bien “un proceso”
4. La anidación, un ser humano de 16 días de vida
Si la discusión sobre el proceso de fertilización, como hemos visto,
es una discusión sobre todo científica que involucra solo marginalmente
la reflexión filosófica, el debate sobre las fases sucesivas de
desarrollo del embrión debiera involucrar, además de las argumentaciones
biológicas, la reflexión antropológica, ética y jurídica.
En cuanto al problema de la implantación, se sabe que una tercera parte
de los embriones no llegan a implantarse naturalmente.
La alta frecuencia de fallos en la implantación se debe a la dificultad
fisiológica del proceso o a que el embrión es anormal en algunos casos,
pero no indica un cambio de estatuto. No hay ningún nexo lógico que
permita decir que el embrión es menos ser humano que el embrión, porque
haya un alto riesgo de eliminación.
Un primer “confín postzigótico” del ser humano y de la persona ha sido
individuado por algunos autores en el momento de la implantación del
embrión en la pared uterina (para algunos individuado entre el 5º y
7º día desde la fertilización, momento en el cual tiene inicio la
primera fase de la implantación, dicho también anidación del
blastocisto, para otros el 14º día, momento del completamiento de la
implantación.
La razón principal, sea biológica que filosófica, que dan estos autores
está estrechamente unida a la observación factual del inicio de la
estrecha comunicación intercelular entre el embrión y el organismo
materno. F. Abel
afirma que la identidad genética del embrión, si bien necesaria, no
sería suficiente para dirigir todo el desarrollo. Para la
sobrevivencia del embrión humano sería necesaria también la información
extraembrinaria proveniente de la madre. En conclusión: la condición
sine qua non de la existencia de un ser humano personal sería la
dotación genética conjunta de la aportación materna.
“Antes de la implantación del embrión humano es un programa genético
humano con sólo el potencial teórico y estadístico de llegar a ser un
miembro de la comunidad humana (solo uno de tres embriones se
implanta)”
Sobre tales bases, este autor retiene que la implantación constituya
el “salto cualitativo” de la vida humana a la vida del ser humano
o de la persona. El autor presupone la coincidencia entre ser humano y
persona y que ésta presupone el valor ético y jurídico del ser humano.
Antes de esta fase –la implantación- habría solo vida humana.
Antes de la anidación, el embrión no sería persona por cuanto que no
sería subsistente en sí y por sí, no teniendo “autonomía operativa”,
entendida en el sentido de la capacidad de establecer una relación con
alteridad.
Comparte también esta opinión P. Prini “solamente a partir de la
anidación en el endometrio el organismo de la mujer es informado sobre
la presencia del embrión y como consecuencia responde, desprogramando el
ciclo menstrual y programando el ciclo gestacional”,
Bedate y Cefalo proponen, por otra parte, que el preembrión se
encuentra en un estado de dependencia genética a causa de que necesita
material genético extra aparte de la información cromosómica, tal como
el ADN mitocondrial materno o factores celulares maternos o paternos en
la forma del ARN mensajero o proteinas..
Para Diego Gracia, el preembrión pertenece aún a la sustantividad de la
madre ya que es la que con su sistema neuroendocrino formaliza el nuevo
ser vivo
¿Qué podemos comentar respecto de este debate? El embrión humano tiene
en sí el principio constitutivo del propio ser, dependiendo, no
obstante, extrínsecamente del ambiente externo: la relación con la madre
es una relación necesaria para el desarrollo, pero extrínseca en cuanto
que no constituye ontológicamente al embrión, sino más bien garantiza
las condiciones externas del desarrollo (igual que en las otras fases
posteriores del desarrollo y de la formación)
Queriendo mantener la categoría de la relacionalidad, se podría decir
que es la relación entre los gametos (o mejor, su encuentro en el
momento de la fecundación) que constituye ontológicamente al ser humano
no la relación fisiológica con la madre. Hay que añadir, como ha sido ya
observado científicamente, que ya antes de la implantación se
instaura una relación bioquímica entre el embrión y la madre: ya el
zigote está en contacto con una secreción de proteinas del organismo
materno y es precisamente el mensaje materno el que induce a la
implantación.
Este tema lo desarrollaré más adelante.
5. Totipontencialidad e individualidad humana
La delimitación del “confín” de relevancia ético-jurídica en el ámbito
de la vida humana inicial al 14º día de la fecundación, momento de la
aparición de la “stria primitiva”, es quizás el más notorio en la
literatura bioética y ciertamente uno de los más discutidos. La
notoriedad es debida al caso Relación WarnockEn
el documento, la elección de tal fecha como “confín” es el “resultado
exclusivamente de una decisión tomada a la luz de principios morales.
Después de haber reconocido la continuidad del proceso biológico de
desarrollo del embrión humano, en el documento se toma en consideración
la imposibilidad de encontrar un “confín” factual en la naturaleza y,
por lo tanto, de fijar un “limite convencional” que consienta, por un
lado, de continuar el progreso de la ciencia y de la técnica y, por
otro, el de resolver cuestiones angustiantes emergentes de la praxis. Es
una clara y explícita renuncia a enfrentar filosóficamente el problema
complejo y controvertido sobre qué cosa sea la persona. La cuestión
ontológica es metida entre paréntesis en cuanto considerada
escépticamente insoluble y sustituida por la cuestión práctica. Lo que
realmente cuenta es la “absoluta necesidad de fijar los límites bien
precisos, en términos de número de días (14) a efecto de que no surjan
disputas, para resolver problemas prácticos”.
Uno de los autores más importantes que ha tomado esta posición de
Warnock es N.M. Ford. No obstante, hecho curioso, los fundamentos
filosóficos de Ford le llevan a definir a la persona humana con la
definición de S. Boecio: “sustancia individual de naturaleza
racional”. Hay que analizar entonces cuales son las razones que le
han llevado a reconocer empíricamente la presencia de la persona humana
(identificada conceptualmente con el ser humano) 14 días después de la
fecundación de los gametos (momento, antes del cual, no es posible o
cuanto menos improbable y no plausible, identificar el estatuto
personal).
El punto crucial de la identificación empírica de la persona o ser
humano es al parecer del autor la verificación factual de la
existencia de la individualidad. Ford insiste sobre la coincidencia
entre persona y ser humano “individuado” o “individuo” viviente con
naturaleza humana. La conexión inseparable entre persona y ser humano
o “naturaleza humana” se actuaría sólo a través de la mediación de la
“individuación”. La individuación sería el “criterio base” para
la identificación de la persona humana.
La objeción de Ford, a la tesis que identifica el inicio de la persona
con el momento de la fecundación, gira en torno al concepto de
individuo humano. Ford muestra con una serie de argumentaciones
empíricas y teóricas que no se puede reconocer la presencia de un
individuo humano (de una persona) al menos hasta el 14º día de la
fecundación. Señala que el embrión es una masa de células u
organismos celulares en simple contacto encerradas en la zona
pelúcida; además, sostiene que las células no están diferenciadas
todavía, no siendo posible distinguir cuáles de esas formarán las
membranas externas y cuáles la masa interna (que constituirá el
verdadero embrión). Otro hecho importante para Ford es que hasta el 14º
día desde la fecundación es posible la “gemelación homocigótica” y la
fusión quimérica .
Ford añade: la individualidad bio-genética y ontológica en el cigote y
en las células hijas “no es suficiente” para constituir el individuo en
sentido filosófico. El individuo biogenéticamente y ontológicamente
humano antes de la formación de la “stria primitiva” es individuo en
sentido filosófico solo potencialmente. Esto es debido al hecho de que
el embrión en las dos primeras semanas de vida es totipotente; o sea,
posee una natural potencia activa a dividirse, llegando a ser uno o más
individuos humanos. El 14º día signa un “confín de ruptura de la
continuidad ontológica en sentido filosófico” (no de la continuidad
genética). Ford expone su interpretación como una interpretación
correcta sin explicar por qué o como sea empíricamente verificable, sino
simplemente por que es lógica y adherente al sentido común. Este autor
ignora que el verdadero filósofo lleva el pensamiento al límite,
esfuerzo común a todo el pensamiento filosófico, dentro del cual ha
nacido la ciencia. Si realmente llevara el pensamiento al límite,
encontraría que no hay razones suficientes para no aceptar que la vida
humana empieza 14 días antes no después. Es probable que lo que le
sucede a Ford es que no quiere llevar el pensamiento al límite por
intereses creados, sirviéndose de un “pensiero debole”, tan
clásico en nuestros días. Esta actitud nada tiene de científico y menos
de filosófico; más bien, es la clásica opinión que reclama votos del
auditorio aunque sea engañándole al mismo.
M. J. Coughlan adhiriendo a la posición del australiano Ford, formula
dos tesis: 1. No todos los seres humanos son personas (por ejemplo los
embriones); 2. No todos los seres humanos van tratados como personas
(esta segunda tesis va introducida en respuesta a quien pretende tratar
a los embriones humanos como si fueran personas
.
Con respecto a la objeción de la totipotencialidad de las células del
embrión (poseen la potencialidad de formar todos los tejidos del cuerpo
y formar un individuo completo), hay que decir que la posibilidad de
formación de gemelos no niega la individualidad del cigoto. Las células
individuales del embrión no pueden ser consideradas totipotentes en acto
mientras estén integradas en el embrión; por sí mismas, no constituyen
una forma independiente de vida. Para que se den gemelos, una célula
debe ser separada del resto y, por lo tanto, una nueva entidad es
formada. Esto puede ser considerado una forma inusual de reproducción
asexual. El término individuo no es sinónimo de indivisible. O
sea, el embrión constituye un individuo formado por células
totipotentes porque constituye una unidad integrada en estructura y
función. Si una de las células se separa, ésta también constituye una
unidad integral en sí misma y por tanto es un nuevo individuo. Lo mismo
habría que decir de la formación de quimeras, la individualidad
significa que hay un único centro organizador, aunque previamente
hubiesen dos individuos; estos se unen debido a la capacidad unificadora
que tienen los embriones. Esta capacidad está presente en todo el
desarrollo aunque solo es total en el estado embrionario. De este modo,
al formarse una quimera habría un solo individuo con un solo centro
organizador. El centro organizador varía con el desarrollo: en el cigoto
es el genoma, en el feto y el adulto pasa a ser el sistema nervioso.
Durante las primeras divisiones, la información para dirigir el
desarrollo completo está presente en cada célula así como en el embrión
entero. Biológicamente, la totipotencialidad se pierde a causa de un
proceso de metilación que silencia ciertos genes en cada célula que se
diferencia. Este proceso de metilación está controlado por genes que ya
están presentes en el cigoto.
Más aún, se ha demostrado que la formación de gemelos puede ocurrir
también más tarde durante el desarrollo, dos o tres meses después de la
fecundación, así que algunas células del embrión son todavía
totipotentes en este estado.
Para Rodríguez Yunta, no hay razón para considerar al cigoto como una
entidad diferente del embrión. Es un hecho que se forma una vida humana
con una única constitución genética en el proceso de la fecundación. El
huevo fecundado es un individuo humano único con 46 cromosomas
diferentes en conjunto de los que se encuentran en el padre y en la
madre y con el suficiente suplemento de moléculas morfogenéticas para
controlar el comienzo del desarrollo. Ningún otro hecho biológico del
desarrollo se puede decir que sea el momento del comienzo de un nuevo
ser. La singularidad de la fecundación reside en el hecho de que
requiere la unión de dos entidades, las células germinales, que
pertenecen a dos seres diferentes, el padre y la madre, las cuales por
sí mismas no tienen el poder de dirigir el crecimiento y la
diferenciación, pero sí cuando están unidas. La implantación señala
solamente la suficiente estabilidad como para garantizar el desarrollo.
No debe olvidarse que toda vida de cualquier ser viviente parte de una
célula. La célula es la unidad de la vida; ¿cómo no habría de ser así
también en el ser humano? Cualquier especie entre los seres vivos está
definida por su constitución genética o genoma; también, el ser humano,
cuyo genoma completo se haya presente en el cigoto.
5.a.- La individualidad asociada a la presencia del sistema nervioso
central
Hay teorías que aceptan plenamente la identificación entre persona y ser
humano, pero niegan que el ser humano se inicie en el momento en que
tiene origen la vida humana (esto es, el momento de la penetración del
espermatozoide en el óvulo, retrasando el inicio o al momento en el
que se completa el proceso de fertilización o al momento de instauración
de la relación física con la madre o al momento en el cual es imposible
la gemelación o la hibridación.
P. Singer,
adhiere explícitamente a la concepción ética del utilitarismo, en
la versión del utilitarismo de la preferencia o utilitarismo de los
intereses. El autor retiene que “la característica universal de la
ética” ofrece argumentos convincentes, si bien no definitivos, a favor
de una posición utilitarística en sentido pleno.
El utilitarismo, si bien no es deducible de la universalidad de la
ética, es, sin embargo, un primer escalón que se logra universalizando
los procesos de decisión autointeresados.
De esta forma, Singer precisa que los intereses se refieren al deseo de
evitar el dolor, desarrollar las propias capacidades, satisfacer las
necesidades primarias, gozar de relaciones amistosas y ser libres de
realizar los propios proyectos.
Por lo tanto ¿Quiénes son para Singer, los sujetos en grado de tener
intereses? Todos los sujetos sencientes o sensibles; todos los
sujetos en grado neurofisiológicamente de sentir; en otras palabras,
todos los capaces de percibir, en el sentido de probar placer o dolor:
esta es la condición mínima de posibilidad, el prerrequisito
para tener intereses o preferencias, o sea para desear el placer y
evitar el dolor, para preferir el placer al dolor. Así, cae toda
distinción entre humano y animal, y, en consecuencia, el principio
de igualdad se extiende bio-céntricamente más allá de la especie humana
hasta comprender los animales no humanos. El límite de la sensibilidad
es el único confín defendible para tener cuenta de los intereses de los
demás.
Continuando con este análisis, debe reconocerse que la distinción entre
el nivel de sensibilidad o conciencia y el nivel de autoconciencia tiene
una gran importancia en la teoría ética y jurídica de Singer. Los seres
sencientes son los dotados de conciencia, entendida ésta como
facultad perceptiva del placer y del dolor. La distinción entre el nivel
de sensibilidad o conciencia y de autoconciencia está a la base
de la distinción entre “ser humano” y “persona”. Singer
distingue dos significados de ser humano sobrepuestos pero no
coincidentes: “ser humano en sentido biológico”, o sea el organismo
viviente perteneciente bio-genéticamente a la especie “homo sapiens”
y “ser humano” en el sentido, se podría decir, metabiológico, el
organismo viviente que posee ciertas cualidades (o sea la autoconciencia
y la racionalidad) en un cierto grado. Sólo en el segundo sentido el ser
humano sería “persona”. Para Singer los dos términos, persona y ser
humano no son equivalentes.
Al ente sólo consciente, le es negado el estatuto personal. Es evidente
la neta escisión entre “persona” y “ser humano” (o natura humana: no
todos los seres humanos (en sentido biogenético) son personas
(“podría haber también miembros de nuestra especie que no son personas,
precisamente los niños hasta un cierto estadio de desarrollo, los no
nacidos, los fetos, los embriones, como también los retardados y
paradosalmente no todas las personas son seres humanos (podría
haber una persona que no es miembro de nuestra especie, por ejemplo
algunos animales superiores, como los monos, las ballenas, los delfines
etc.).
Siguiendo esta racionalidad, las condiciones lícitas para la supresión
de la vida consciente son aplicables indistintamente al animal y al
hombre (no personas) esto es, al feto (al menos después del 28º día o
preferiblemente la 18ª o 26ª semana desde la fertilización, periodo en
el cual se forma el sistema nervioso central, antes de tal fecha el
embrión, siendo no senciente, no goza de alguna forma de tutela), al no
nacido, al niño en los primeros años de vida, al sujeto en coma
irreversible, al anciano.
De todo esto se sigue la licitud de la experimentación con embriones
humanos no sencientes, la licitud del aborto(si el feto viene mal
formado, si se verifica con técnicas indoloras)la licitud del
infanticidio, al menos en los primeros meses de vid, sobre todo si es
previsible que conducirá una vida infeliz.
Por lo que respecta a los seres autoconscientes o personas,
Singer piensa que a éstos les es debido un nivel mayor de protección.
De frente a esta crisis que representa el pensamiento de Singer, el
personalismo afirma la trascendencia de la persona humana, como valor
intangible que resume ontológicamente todos los valores del cosmos y es
centro de la sociedad y de la historia. Usamos aquí el término
“trascendente” no en el sentido absoluto como se usa para el Creador que
quedando infinitamente distinto y diverso del mundo lo pone en estado
de ser causativamente distinto de sí y ontológicamente dependiente de su
acto creador. Dios trasciende también infinitamente a la persona
humana, aún siendo esta creada, según lo confirma la Revelación
cristiana a Su imagen y semejanza. Entonces, la persona es trascendente
desde el punto de vista ontológico y axiológico: la persona en cuanto
capacidad de autoconciencia y autodeterminación, supera por novedad,
nivel ontológico y valor al mundo material.
-
El cigoto como individuo humano y persona humana
Para aquellos que quieran argumentar que el no nacido,
particularmente durante el primer trimestre de gestación, no es un ser
humano integralmente porque no posee las características de
autoconciencia, intuición, pensamiento, memoria, imaginación, y por
tanto no merece de los derechos y protecciones que se dan al nacido; hay
que decir que aunque tales características no están todavía
desarrolladas en el cigoto, sí están presentes los genes para el
desarrollo del cerebro, donde estas capacidades se encuentran. Desde un
punto de vista biológico, el principio generativo se encuentra en
los genes de tal forma que el programa fisiológico y sicológico del
cigoto está ya determinado en interacción con el ambiente por su
constitución genética desde la fecundación. Más aún, después de la
fecundación no hay experimento científico que pueda desarrollarse con la
intención de determinar cuando el nonacido sería humano; cualquier
momento que se usará como línea divisoria para señalar el comienzo de
una "humanidad integral" -tanto si es cuando las células del embrión
dejan de ser totipotentes, o en el momento de la activación cerebral, o
cuando se dan los primeros movimientos o en el momento en que el feto es
viable- representa un momento arbitrario sujeto a discusión.
Efectivamente, existe un gran interés en no definir al embrión como ser
humano porque está en juego toda la posibilidad de manipulación en los
procesos de fecundación in vitro. El argumento que se está usando
para negar que el embrión sea ser humano está basado en los siguientes
hechos biológicos: 1) La dificultad del proceso de implantación, crítico
para el desarrollo; la división celular del cigoto no siempre resulta en
un embrión, hay un alto porcentaje que no se desarrolla por causa de
fallos en el proceso de implantación. 2) El embrión se encuentra en
estado de dependencia genética, necesita de información externa para
poder desarrollarse; las células del embrión poseen plena capacidad de
desarrollo debido a que no están diferenciadas y son capaces de
desarrollarse tanto como células fetales como extraembrionales,
dependiendo de información externa, de forma que no todas las células se
convierten en el embrión.
3) La posibilidad de formación de gemelos antes de la implantación, lo
que niega la individualidad del embrión; de esta manera se habla de que
no se trata de un ser humano individual.
En cuanto al problema de la implantación, se sabe que al menos el
30% de las concepciones se pierden antes de la implantación de forma
natural.
La alta frecuencia de fallos en la implantación se debe a la dificultad
fisiológica del proceso o a que el embrión es anormal en algunos casos,
pero no indica, necesariamente, un cambio de estatuto. Se han
identificado numerosas causas responsables de fallos en la implantación:
factores endocrinos, desordenes genéticos, infecciones, factores
sicológicos, factores inmunológicos.
En consecuencia, no hay ningún nexo lógico que permita decir que el
embrión es menos ser humano que el embrión porque haya un alto riesgo de
eliminación. En el pasado los recién nacidos tenían un alto riesgo de
probabilidad de muerte y no por ello eran considerados menos seres
humanos. El embrión y el embrión son el mismo ser formado en el proceso
de la fecundación.
En cuanto a la dependencia genética, es cierto que hay una
dependencia para el desarrollo del embrión respecto de la madre, pero
ésta no es genética, ningún gen de la madre es añadido a los que ya
tiene el embrión en formación. La incapacidad para crecer y
desarrollarse indica que hay algunos factores que deben ser
suministrados por el tejido maternal para que el embrión continúe el
desarrollo. El embrión no puede desarrollarse sin la formación de la
placenta, dado que ésta establece conexiones funcionales que son
críticas para que el embrión sobreviva. Hay que añadir, además, que la
influencia que tiene lugar entre el útero y el embrión es recíproca. El
proceso requiere la sincronía de actividades tanto del útero como del
blastocisto (estado del embrión en el momento de la implantación). Antes
de la implantación el útero sufre cambios controlados por hormonas
enviadas por los ovarios y en respuesta a factores suministrados por el
embrión, para facilitar la implantación y hacerlo receptivo al embrión;
a su vez el blastocisto desarrolla moléculas adhesivas para unirse al
útero y proteinasas para invadir la pared del útero controlado por su
propio programa de desarrollo.
Rodríguez Yunta nos refiere los descubrimientos sobre numerosas
moléculas relacionadas con la adhesión tanto a la superficie del embrión
como a la superficie del epitelio del útero.
De aquí en adelante la placenta redirige funciones immunológicas,
endocrinas y metabólicas maternales que dirigen los cambios necesarios
en el útero para continuar la gestación y establecer una vasculatura
híbrida en que los trofoblastos (células especializadas de la placenta)
se encuentran en contacto directo con la sangre maternal para proveer
nutrientes y gases.
Antes de la implantación el embrión ya ha comenzado a expresar su
información genética con la formación de transcritos sin necesidad de
ninguna influencia materna. Así existe evidencia de la expresión de
genes que codifican receptores de factores de crecimiento,
factores de transcripción
o productos que son específicos de tejidos determinados,
incluso hay evidencia de genes que ya se expresan en el cigoto, como es
el caso de los genes SRY y ZFY ligados al cromosoma Y
relacionados con la determinación sexual.
En definitiva, lo que esta evidencia científica refleja es la realidad
del carácter relacional de la vida en que una entidad nunca puede estar
completamente aislada por sí misma. La relación fisiológica tan próxima
que existe durante el desarrollo embriológico y fetal con la madre tiene
paralelo con la relación que existe durante el período de lactación y a
través de la comunicación en la niñez. La naturaleza de la dependencia
varía a través del desarrollo, pero no hay vida sin interacción con
otros seres. El hecho de que el embrión intervenga en la formación de la
placenta indica que se trata de un ser con su propia información capaz
de ejercer cambios en la madre.
Por ejemplo, a los quince días del primer retraso de la regla, es decir,
a la edad real de un mes, ya que la fecundación tuvo lugar 15 días
antes; el ser humano mide cuatro milímetros y medio. Su minúsculo
corazón late desde hace ya una semana, sus brazos, sus piernas, su
cabeza, su cerebro, ya están formándose. A los sesenta días, es decir a
la edad de dos meses, cuando el retraso de la regla es de mes y medio,
mide, desde la cabeza hasta el trasero, unos tres centímetros. Entraría
recogido sobre sí mismo en una cáscara de nuez y está casi terminado:
manos, pies, cabeza órganos, cerebro...todo está en su sitio y no hará
sino crecer. Además, ya se pueden leer las líneas de la palma de la mano
y descifrar sus huellas digitales, pero algunos dirán que hasta los
cinco o seis meses su cerebro no está del todo terminado. ¡Pero no, no!,
en realidad, el cerebro sólo estará completamente en su sitio en el
momento del nacimiento; y sus innumerables conexiones no estarán
completamente establecidas hasta que no cumpla los seis o siete años; y
su maquinaria química y eléctrica no estará completamente rodada hasta
los catorce o quince. A los cuatro meses se mueve tanto que su madre
percibe sus movimientos . Gracias a la casi total ingravidez de su
cápsula cosmonauta, da muchas volteretas, actividad para la que
necesitará años antes de volver a realizarla al aire libre. Entonces
¿por qué cuestionarse si estos hombrecitos existen de verdad? ¿Por qué
racionalizar y fingir creer que el sistema nervioso no existe antes de
los cinco meses? Cada día la ciencia nos descubre un poco más de las
maravillas de la vida oculta, de ese mundo bullicioso de la vida de los
hombres minúsculos, aún más asombroso que los cuentos para niños.
Porque los cuentos se inventaron partiendo de una historia verdadera; y
si las aventuras de Pulgarcito han encantado a la infancia , es porque
todos los niños, todos los adultos que somos ahora, fuimos un día un
Pulgarcito en el seno de nuestras madres
-
Algunas notas sintéticas
Los datos científicos, bien sopesados y depurados muestran claramente
que el embrión –desde la fertilización- es un “organismo de la especie
humana”, claramente individualizable como producto de la unión de dos
progenitores determinados. (esto se hace obvio si se piensa en la
fecundación “in vitro” y el recurso a la “madre sustituta”) . La
condición del embrión humano no difiere bajo este punto de vista, de la
de cualquier mamífero.
Hasta aquí la argumentación es comparable a cualquier argumentación de
tipo científico-natural. Pero la simple observación de un “organismo de
la especie humana” en su estado de pleno desarrollo descubre
características que son únicas en el mundo natural y que contradicen la
estructura normal del discurso científico.
El gran aporte de las ciencias naturales a la consideración filosófica
del hombre radica en que la continuidad del desarrollo justifica
plenamente la propuesta de una unidad del ser humano durante
toda su vida (del embrión a la vejez). No hay muchos “yo” sino un único
“yo” que no puede empezar sino en el instante mismo de la concepción o
fertilización y termina con la muerte del ser humano. La observación del
desarrollo de este “yo” nos dice que el ser humano es heredero de
valores que nada tienen que ver con la carne o con la sangre, tanto es
así, que muchos de ellos se imponen a la voluptuosidad de la carne.
Aceptado esto, nos quedaría por decir que, entonces, la primera
experiencia en absoluto del ser humano en el instante mismo de su
concepción no es la experiencia sensitiva sino la de la presencia de
Alguien que infundiendo su gene, esta vez no biológico, hace del ser
humano alguien con conciencia de Alguien que constituyéndolo
estructuralmente con su acto lo deja abierto a los demás, abierto al
infinito, abierto al Absoluto por el mismo Absoluto: experiencia que le
acompañará y presidirá toda su vida.
La ciencia en sí no puede habérselas con objetos que se escapen a sus
principios y postulados básicos. Por eso es que procurará siempre
encontrar, en virtud de estos, una explicación para todo lo que parece
salirse de su marco, y se negará siempre a aceptar que existan objetos
naturales que le son radicalmente inaccesibles. Esto significa que el
cultor “consecuente” de la ciencia debe resignarse a una descripción
empobrecida de la realidad humana.
Pero esta posición no es una consecuencia necesaria, desde el momento en
que hay que convenir en que la ciencia es sólo una de las
producciones con las que el hombre se entiende con la realidad, y no la
única, y seguramente no completa y consistente.
Es así como la manera propia de acercarse al ser humano puede ser
radicalmente distinta de la de las ciencias naturales, e incluso caer en
el ámbito de lo que tradicionalmente se ha llamado la metafísica.
Cualquiera que sea esta aproximación, ella debe poder ser articulada con
1) la experiencia “”vulgar” de lo humano;2) los datos científicos sobre
lo mismo;3) las concepciones filosóficas o teológicas que correspondan
sobre la realidad.
El ente (ser humano) así entrevisto se asemeja a Dios (…a su imagen y
semejanza lo creó…”) y en la medida en que “el modelo absoluto” sea una
manera de designar al mismo Dios, él constituiría la dimensión
fundamental, constitutiva, de lo humano.
Me parece, de todos modos importante, poner el énfasis en que la
“persona humana” es espiritual, y que sus rasgos fundamentales exceden
los del ente biológico. Su reducción a este distorsiona
irremediablemente una comprensión razonable del ser humano. El punto de
partida de la consideración del hombre no puede ser el científico
natural.
Muy distinguido Dr. Jensen:
Oyendo a los demás he establecido este calendario para el 2008 de
Reuniones de la Comisión.
Como a los de Santiago les costaría ir a Rancagua y seguro que no irían
y al contrario pasaría lo mismo he hecho el siguiente calendario:
-
ENCUENTROS EN SANTIAGO:
10 DE ABRIL, 5 DE JUNIO, 7 DE AGOSTO Y 9 DE OCTUBRE.
Son todos jueves a las 9,30 de la mañana en la Oficina del Dr. Juan de
Dios Vial Correa
8. Cigoto y persona humana desde una perspectiva metafísica
Quisiera dar algunas respuestas a estas grandes cuestiones mencionadas
en los apartados anteriores. No es suficiente la definición, desde las
ciencias experimentales, del zigote, preembrión o embrión antes o
después de la anidación en el endometrio o mucho más tarde con la
aparición del sistema nervioso o, incluso, cuando se llega al uso de
razón como dicen otros. Se hace necesario abordar el estatuto ontológico
del embrión humano.
La aparente claridad de las consecuencias de la investigación biológica
para entender la naturaleza humana y para aplicar sus resultados en la
sociedad, depende en el fondo de una extensión del método científico
experimental hacia dimensiones que no le corresponden y de una
determinada concepción a priori del ser humano que, actuando como un
cuerpo de presuposiciones epistemológicas no manifiestas, incurre en una
serie de contradicciones teóricas y existenciales. Un abordaje
epistemológico, en el contexto de los actuales planteamientos de la
filosofía de la ciencia, y unas referencias a dimensiones antropológicas
y metafísicas más profundas, nos pueden aportar una cierta luz crítica
e iluminar las orientaciones de la investigación biológica y sus
consecuencias éticas y antropológicas.
Resulta evidente, a nuestra observación natural o culta del mundo que
nos rodea que la noción de persona es la más elevada de toda la
creación, de consecuencia toda la creación está ordenada a la persona.
Todo lo cuantificacional o matematizable, objeto del método experimental
o de las ciencias de la naturaleza está ordenado a la persona y es ésta
quien le pone nombre y definición. Esto es: existe un método
experimental para las ciencias de la naturaleza y un método experiencial
o vivencial para las ciencias del espíritu, pero de lo expuesto se
deduce que la persona humana es más que todo método y más que toda
ciencia, sea ésta experiencial o experimental.
El hombre es incuestionablemente el originador o productor de las
ciencias, lo que hace muy dudoso que él pueda “ser definido” a partir
de ellas. A continuación toda la acción humana se mueve en virtud de
“causas finales”, que no tienen ningún valor en el ámbito de las
ciencias naturales. Hay experiencias que son fundamentales (fundantes)
en la vida humana, como la de la responsabilidad, por ejemplo, y
que no tienen paralelo con el resto de la naturaleza. Para no alargar
más la enumeración, recordar sólo que la comunicación entre los seres
humanos es de inmensa riqueza, pero que ella se realiza siempre en la
impenetrable lejanía del interlocutor. Toda acción humana brota de una
intimidad inaccesible.
Saliendo entonces del marco estrecho de la ciencia natural, hay que
partir de la unidad del embrión (hombre), por toda la vida natural. Esa
unidad aparece como la de un ente abierto al mundo (conocimiento y
praxis); abierto a los otros (relación) y abierto al Absoluto. “Abrirse”
significa en cierto modo asemejarse. Esta apertura al absoluto tiene
muchas formas de expresión, para Gregorio de Nisa la perfección de la
naturaleza humana es aspirar siempre a un bien más alto: “la naturaleza
del bien atrae hacia sí hacia los que levantan los ojos hacia ella”.
Para Rielo, “la creación del ser humano, su organismo biológico,
supuesta la creación y la evolución de la materia y de la vida, tuvo que
llegar a tal grado de complejidad estructural que fuera capaz de poder
recibir la creación del espíritu. Este hecho no puede acontecer sino en
el mismo momento en que aparece la vida de un nuevo ser humano: en el
instante de la concepción, en que, dándose las condiciones biológicas
adecuadas, es activada la información genética que constituye el inicio,
desarrollo y madurez biológicos de la persona humana, al mismo tiempo
que, en virtud de la divina presencia constitutiva del modelo absoluto,
se le otorga la activación de la información genética trascendental, que
constituye el inicio, desarrollo y madurez de su vivencia y experiencia
ontológica o mística.
Su estado de consciencia no acaece con el tiempo, ni con el desarrollo o
madurez biológicas, ni con el cúmulo de experiencias; antes bien, la
persona humana es un ser consciente, intelectivo, volitivo y libre desde
el primer momento de su concepción. Otra cosa es el ejercicio
experiencial de la consciencia y de la libertad con sus dos funciones de
la inteligencia y de la voluntad en su complejidad sicosomática sometida
al desarrollo y madurez en el tiempo biológico.
El ser humano posee, no obstante, vivencia primordial de su consciencia
y de todo lo que le constituye como persona desde el momento de su
concepción, y es esta vivencia primordial, trascendente, la que está
presente en toda experiencia vivencial y experiencial en el desarrollo
integral durante toda su vida en este mundo”.
“El ser humano está llamado por Dios a ejercer, con el mismo Dios, un
“condominio” místico sobre la creación y la evolución.
Debido a que el ser humano dispone de libertad, a imagen y semejanza de
Dios, aquél puede convertirse en observador; es decir, en alguien que
puede poseer visión del mundo, visión de la realidad, visión de sí
mismo, en virtud de la presencia divina constitutiva en su espíritu del
Absoluto que, con su visión absoluta, está constitutivamente presente en
la persona humana, dándole el ser, el conocer y el actuar a su imagen y
semejanza”.
La persona humana es intimidad que, exigencialmente abierta al sujeto
absoluto y constituida genéticamente por la divina presencia de éste no
es identificable con lo ético, con lo síquico y con lo orgánico. El
espíritu es, más que un espíritu encarnado, un espíritu sicosomatizado
que se encuentra en abierta tensión de dos límites: formal la
finitud del sicosoma; trascendental, la infinitud del sujeto
absoluto”.
Nuestro espíritu sicosomatizado, definido por la divina presencia
constitutiva del modelo absoluto, es el mismo desde el momento de la
concepción hasta la muerte biológica del cuerpo. El “yo” de nuestro
espíritu con su consciencia potestativa, encierra en sí los factores
determinantes de la unidad de experiencia vivencial durante toda nuestra
vida, en tal grado que no puede haber más que un “yo”,
ni puede haber sustitución de este “yo” por otro “yo” diferente. El “yo”
contiene en sí estos factores determinantes de unidad mucho antes de las
primeras experiencias fácticas que acuden a nuestro recuerdo, pues
nuestro “yo genetizado”
es antes que nuestra efectiva capacidad del recuerdo, de nuestra
memoria, de nuestra imaginación, de nuestros sentimientos, de nuestros
afectos, y, cómo no, de nuestra cultura, de nuestra educación, de
nuestras formas de pensar y de actuar, de nuestros conocimientos
científicos.
Las funciones sicosomáticas, nos sigue diciendo F. Rielo, sus
contenidos de experiencias acumuladas, su objetivación en la historia y
en la cultura, están sometidas al proceso del conocimiento, cuya
experiencia se obtiene a la par que se da el desarrollo y madurez de su
función biológica, de su función sicológica, de su función social, en
las que intervienen las circunstancias educacionales y ambientales. Si
redujéramos a este proceso y desarrollo nuestra consciencia
potestativa
y, con ello, nuestras facultades, nuestra libertad con su inteligencia y
voluntad, y todo lo que de vivencia de esta consciencia se proyecta en
nuestra integridad sicobiológica, habríamos incurrido en el absurdo de
un materialismo que no puede demostrarse por las ciencias experimentales
ni definirse por ninguna forma de experienciación. No todo lo que es
y lo que hace el ser humano es aprendido experiencialmente.
Antes de aprender, la persona humana es alguien capaz de aprender, de
tener experiencias, de dirigir y dar dirección y sentido a su
aprendizaje y a sus experiencias. El yo no surge con la experiencia,
ni con el razonamiento, ni con el lenguaje, ni con la cultura;
antes al contrario, es esto lo que, en el proceso viador, surge de un yo
sicosomatizado que, genetizado por la divina presencia constitutiva del
modelo absoluto, está capacitado, dentro de un límite formal abierto al
límite transcendental, para ello. La persona tiene en su conciencia,
estado en que queda su espíritu inhabitado por la divina presencia
constitutiva , la potestad organizadora y rectora de sus impulsos, de
las fuerzas sicosomáticas y exteriores. La conciencia es para Rielo un
concepto relacional.
El ser humano es un ser libre creado, concebido, engendrado, espirado e
inspirado por el modelo absoluto a imagen y semejanza de la libertad
divina. El modelo absoluto crea, para ello, un espíritu que infunde en
el sicosoma de una célula o zigoto en el que, activándose la genética
información biológica, se activa además, con el espíritu sicosomatizado,
la genética información ontológica.
Para Rielo, metafísicamente hablando,
es claro que si hemos de definir a la persona, no podemos hacerlo
recurriendo a la persona en sí misma o a algún aspecto de la misma. Si
elegimos lo primero, tenemos una definición tautológica que carece de
información. Si aceptamos lo segundo, hemos reducido a la persona sólo a
una de sus propiedades o capacidades. Estas dimanan de algo más profundo
que constituye esencialmente la persona. Y es que el ser humano es más
que sí mismo. ¿De dónde, si no, le viene la capacidad de superarse, de
avanzar, de crecer, sino de ese "más que sí mismo"? Algo hay en la
persona que es irreductible a ser manipulada por leyes físicas y
químicas: este "algo" es lo que hace a la persona "más que materia." El
ser humano es incomparablemente muchísimo más que el contenido de la
información genética de sus 30.000 genes, estimados por el proyecto del
genoma. ¿Qué es, en definitiva, este "ser más que" materia,
psicología, moral, sí mismo? Quizás la respuesta esté
en la afirmación de que la persona es un "espíritu psicosomatizado".
Pero ¿en qué consiste la noción de espíritu? ¿Cuál es su constitutivo?
¿Cómo evitar que sea una noción tautológica y quede, por tanto, "bien
formada"? ¿Cómo defenderse del materialismo reduccionista, en que si no
decimos algo más, el espíritu sería resultado de la evolución de la
materia al igual que cualquier otro aspecto del ser humano, todo surgido
de la programación del cigoto al unirse el óvulo y espermatozoide? El
ser + es la estructura abierta que caracteriza a la persona humana. No
existe el ser persona clausurado en sí mismo.”
La 'personificación' del ser humano significa de esta forma la presencia
del sujeto absoluto, supuesto el acto de la creación, en un ser
constituído de dos elementos: uno creado, la naturaleza humana; y otro
increado, la divina presencia constitutiva en esta naturaleza creada,
haciéndola, de este modo, "persona," esto es rostro divino, deitático.
Si esta apertura de la persona humana al sujeto absoluto es negada, el
ser humano caería, cerrado en sí mismo, dentro del absurdo identitático
de una persona en cuanto persona. Esto es lo mismo que decir que el ser
humano se reduciría a un inmanentismo, pseudorelacionado consigo mismo
como un ser para sí mismo, en sí mismo y por sí mismo, en vez de un ser
para Dios, en Dios y por Dios. Es un hecho de la experiencia el que el
ser humano en todas las culturas se abre a un sujeto absoluto. La
persona humana no podría estar abierta al Absoluto si el Absoluto no
estuviera ya en ella constituyéndola.
Dado que la divina presencia constitutiva del sujeto absoluto en el
espíritu de la persona humana invalida cualquier concepción identitática
de persona, no hay razón ontológica para mantener que la divina
presencia constitutiva ocurra arbitrariamente en cualquier otro momento
posterior a la fecundación o fertilización. De esta forma, la ciencia y
la ontología (así como el Magisterio)
concuerdan en que es en la fecundación que el ser humano es constituido
como persona. Esta constitución ontológica-filial hace a la persona
humana abierta y ontológicamente coloquial con Dios, quién se establece,
además, como el único modelo antropológico, epistemológico y ético del
ser humano.
-
Alguna conclusión
La noción de divina presencia constitutiva provee una nueva óptica
genuina para considerar la naturaleza de persona. Desde este punto de
vista, las nociones tradicionales de persona: autoconciencia,
racionalidad, autonomía, habilidad lingüística comunicativa, capacidad
moral, entre otras; representan propiedades pertenecientes a la
naturaleza creada de persona humana que, formada por la divina presencia
constitutiva del sujeto absoluto, y aparte de impedimentos naturales, se
manifiestan en los diferentes estados del desarrollo. Es precisamente,
esta divina presencia constitutiva en el cigoto desde que la fecundación
ha tenido lugar -y no las propiedades
lingüísticas-cognitivas-volicionales- que la persona se constituye
ontológicamente.
Este hecho hace al ser humano persona abierta a la vida, a la nueva vida
que adviene y con la cual le liga una relación estrecha:
paternidad/maternidad-filiación. Si el hombre y la mujer se definen por
su aperturidad ontológica, el acto por el cual se verifica la generación
tiene que estar genéticamente abierto a la vida. Su imposibilitación o
interrupción constituyen un desorden genético. Desde esta perspectiva,
todos los argumentos presentados en favor del aborto -a consecuencia de
violación o incesto, o del deseo de evitar el nacimiento de un ser
deformado o impedido, o de consideraciones personales debido a cargas
físicas, emocionales o económicas generadas a causa de llevar a termino
el proceso de gestación o por ser el embrión o feto portador de
enfermedades genéticas- no tienen justificación moral. Debido a que la
única forma de separar el feto del vientre de la madre antes de su
viabilidad es destruyéndolo, el derecho del no nacido a su propia vida
debe ser considerado por encima del derecho de la madre a su propio
cuerpo.
El no nacido debería -independientemente de su estado de desarrollo- ser
sujeto de derechos al igual que lo es el recién nacido o el adulto- y
debería proporcionársele mayor protección dada su mayor debilidad y
vulnerabilidad. La magnitud del daño que es provocado al abortar un feto
es mayor que cualquier otro daño que pudiera infligirse en el adulto
dado que el valor de la vida es mayor en el no nacido por ser privado de
su futuro, que incluye su experiencia, proyectos, actividades,
y dado que es completamente indefenso. De la misma forma que hay leyes
que protegen al recién nacido, debería de haber leyes que protegiesen al
no nacido.
El amor es el imperativo moral de la conducta humana y por tanto de las
relaciones entre seres humanos.
El egoísmo, identidad práctica, es agenético.
La esencia de la persona humana, como ser en relación con Dios, y por lo
tanto con otros seres humanos y con la naturaleza entera, prohibe
cualquier acción que comprometa de alguna forma la propia realización de
esta relación. Dado que el aborto compromete la persona del no nacido,
no es moralmente permitido su práctica. A este respecto, es sorprendente
que el aborto sea típicamente presentado como un tema perteneciente sólo
a la mujer; esto constituye una desviación de la realidad, ya que además
de Dios, como sujeto absoluto del origen y destino del ser humano, al
menos hay tres personas en juego: el padre, la madre, y el no nacido.
Teniendo en cuenta la constitución biológica y metafísica desde la
fecundación, el cigoto, como persona formada por la presencia
constitutiva divina, es una forma sagrada de la vida que debería ser
respetada de acuerdo a la dignidad de su carácter ontológico.
“Se tiene que distinguir , sobre todo, la cualidad esencial que
distingue a toda criatura humana por el hecho de ser creada a imagen y
semejanza del creador mismo. Como dice la Constitución Gaudium et
Spes (n. 14) el ser humano está llamado a un diálogo personal con el
Creador. Por tanto, él posee una dignidad superior, por esencia, a las
otras criaturas visibles, vivientes y no vivientes… Todas las
dimensiones de la persona, dimensión corpórea, psicológica, espiritual
y moral van concebidas en armonía. De esta forma, la dignidad
ontológica de la persona humana es efectivamente superior: trasciende
los mismos comportamientos errados y culpables del sujeto”
Para la bioética católica, “la vida humana es sagrada porque desde su
inicio comporta la acción creadora de Dios y queda para siempre en
una relación especial con su Creador”.
“Esta creaturidad del hombre es un dato fundamental de la
antropología cristiana, el hombre es una criatura y por tanto, como toda
criatura es pensable sólo en relación con Dios, pero la relación
de la criatura humana con Dios es absolutamente única, porque es
una relación constitutiva y exclusiva, una relación personal que
hace del hombre una persona, una realidad abierta a la Alteridad
en un modo dinámico que lo conduce siempre a una mayor actuación y
completitud definitiva. El valor de la vida humana no deriva de aquello
que un sujeto hace o realiza, sino simplemente de su existencia con su
ser constituido en relación con Dios; la raíz del valor de la
inviolabilidad de toda vida humana está últimamente en Dios. En
consecuencia, sea joven o adulto, sano o enfermo, embrión o neonato,
genio o idiota; el valor de todo ser humano es totalmente independiente
de la cualidad de sus prestaciones y de su vida; lo que verdaderamente
cuenta es su ser en relación con Dios”.
Mientras que toda relación con el otro es reveladora de mi ser
persona, la relación con Dios es constitutiva de mi ser persona.
Cada uno de nosotros existe como persona porque su ser está en relación
con el misterio trascendente del Ser. Si bien es verdad que cada uno de
nosotros se humaniza en el momento en que viene acogido en una red de
relaciones interhumanas, es también verdad que la acogida por parte del
otro no constituye a la persona en su ser y en su valor. El otro
no me atribuye ser y valor, sino que lo reconoce, porque mi ser y mi
valor están constituidos por mi relación con la alteridad
VIAL CORREA, J.de D. El embrión humano en “Ars
Medica” vol. 4 nº 6 ob. cit. 2002 Santiago de Chile (Ex
Presidente de la Pontificia Academia para la Vida).
“Presentación hecha también en el panel sobre anticoncepción de
emergencia. Pontificia Universidad Católica de Chile, junio 27,
2001.”
Ver WILCOX, A.J.,
“Incidence of Early Loss of Pregnancy,” en New England
Journal of Medicine,nº 319, 1988 pp 189-194.
Ver también RODRIGUEZ YUNTA, E.
El cigoto, inicio de la vida humana desde una perspectiva
biológica y metafísica en “Ars Medica”, vol. 4, nº 6, 2002,
pp 35
RODRIGUEZ GUERRO A. Y RODRÍGUEZ YUNTA, E. Antropología y
cultura médica contemporanea Ob cit pp 253; BEDATE , C.A. Y
CEFALO, R.C. Ob cit pp 641-645. “Las células del embrión humano
tienen el potencial de desarrollarse para formar los diferentes
tejidos del cuerpo, como ocurre con otros organismos. A este
fenómeno se le denomina “pluripotencialidad”. En 1998 se comenzó
una nueva etapa en la investigación de las llamadas “células
madre” humanas, también llamadas troncales o progenitoras (stem
cells) al conseguirse por primera vez que células humanas
derivadas de blastocistos producidos por fecundación in vitro
y donados para la investigación, fueran cultivadas con la
habilidad de diferenciarse en todos los tejidos del cuerpo. Al
mismo tiempo se consiguió cultivar líneas celulares derivadas de
células primordiales germinales de fetos abortados. La
preparación de células madre embrionarias requiere: 1. La
producción de embriones humanos y/o la utilización de embriones
sobrantes por los procesos de fecundación in vitro. 2. Su
desarrollo hasta la fase de blastocisto (5 días). 3) La
extracción de la masa celular interna que implica la destrucción
del embrión como ser humano, ya que se le priva de su estructura
de soporte; de ser embrión pasa a ser un conjunto de células
desprovistas de la conexión interna que las unifica como
individuo. 4. El cultivo de dichas células en un estrato de
fibroblastos de ratón irradiado (feeder) para que se
multipliquen y formen colonias llamadas embrioides (embryoid
bodies) y de estas formar líneas celulares capaces de
multiplicarse indefinidamente conservando las características de
células madre durante meses y hasta años. Se les denomina
células madre porque son capaces de generar distintas estirpes
celulares. El caso es que no solamente hay células madre
embrionarias, también las hay en el adulto. Estas son capaces de
generar distintas estirpes celulares de su propio tejido y
también células de otros tejidos, pero no de todos los tejidos
del cuerpo. Se está investigando el reactivar el programa
genético de éstas células para que sean capaces de originar
todos los linajes celulares posibles. Las células del embrión
humano tienen el potencial de desarrollarse para formar los
diferentes tejidos del cuerpo, como ocurre con otros organismos.
A este fenómeno se le denomina “pluripotencialidad”.
En 1998 se comenzó una nueva etapa en la investigación de las
llamadas “células madre” humanas”. llamadas troncales o
progenitoras (stem cells) al conseguirse por primera vez que
células humanas derivadas de blastocistos producidos por
fecundación in vitro y donados para la investigación,
fueran cultivadas con la habilidad de diferenciarse en todos los
tejidos del cuerpo. Al mismo tiempo se consiguió cultivar
líneas celulares derivadas de células primordiales germinales de
fetos abortados. La preparación de células madre embrionarias
requiere: 1. La producción de embriones humanos y/o la
utilización de embriones sobrantes por los procesos de
fecundación in vitro. 2. Su desarrollo hasta la fase de
blastocisto (5 días). 3) La extracción de la masa celular
interna que implica la destrucción del embrión como ser humano,
ya que se le priva de su estructura de soporte; de ser embrión
pasa a ser un conjunto de células desprovistas de la conexión
interna que las unifica como individuo. 4. El cultivo de dichas
células en un estrato de fibroblastos de ratón irradiado
(feeder) para que se multipliquen y formen colonias llamadas
embrioides (embryoid bodies) y de estas formar líneas celulares
capaces de multiplicarse indefinidamente conservando las
características de células madre durante meses y hasta años. Se
les denomina células madre porque son capaces de generar
distintas estirpes celulares. El caso es que no solamente hay
células madre embrionarias, también las hay en el adulto. Estas
son capaces de generar distintas estirpes celulares de su propio
tejido y también células de otros tejidos, pero no de todos los
tejidos
del cuerpo. Se está investigando el reactivar el programa
genético de éstas células para que sean capaces de originar
todos los linajes celulares posibles.
45 L. PALAZZANI . ob. cit. pp 61-88.
46. WARNOCK REPORT, Report of the Committee of Inquirí into
Human Fertilisation and Embryology, Departament of Healt
and Social Security, London, 1984.
Pp 66
Ver EMERY A. E. H, Elements of Medical Genetics (New
York: Churchill Livingstone, 1983 p. 103.
Ver K. DAWSON, Embryo Experimentation (New York:
Cambridge University Press, 1990): p. 58; y K. L. MOORE, The
Developing Human (Philadelphia: W. B. SUNDERS Co., 1982), p.
133.
Cfr.CAHILL, L. "The Embryo and the Fetus: New Moral
Contexts," Theological Studies Vol. 54 no.1, 1993,
pp. 127-134.
Ver A. J. WILCOX, “Incidence of Early Loss of Pregnancy,”
New England Journal of Medicine, 319 (1988): 189-194.
Ver S. TABIBZADEH, A. BABAKNIA “The Signals and Molecular
Pathways Involved in Implantation, a Symbiotic Interaction
between Blastocyst and Endometrium Involving Adhesion and Tissue
Invasion”, Human Reproduction 10 (1995): 1579-1602; J. C.
Cross, Z. Werb, and S. J. Fisher, “Implantation and the
Placenta: Key Pieces of the Development Puzzle,” Science,
266 (1994): 1508-1518, p. 1510-1513; B. A. Lessey, “The Role of
the Endometrium During Embryo Implantation”, Human
Reproduction Suppl. 6 (2000): 39-50.
Ver J. C. CROSS, Z. WERB, and S. J. FISHER, “Implantation and
the Placenta: Key Pieces of the Development Puzzle,”
Science, 266 (1994): 1508-1518, p. 1514-1516.
“La
consciencia potestativa genetiza transcendentalmente la
percepción comunicativa de nuestra potencia de unión, hasta tal
extremo que capacita a ésta para una “unidad de vivencia”
consistente en la relación de un definiens, acción agente
de la divina presencia constitutiva del modelo absoluto, en un
definiendum o acción receptiva de la potencia de unión de
nuestro espíritu transcendentalmente genetizado. La unidad de
vivencia no se mide, de este modo, por la cantidad de
experiencia, ni de conocimiento, ni de sentimiento, ni de deseo,
ni de afecto, ni de intención, ni de pasión; no se mide por la
relación del ser humano consigo mismo, ni siquiera por la
relación con los demás seres humanos, ni menos por la relación
con la naturaleza o con otra cosa que no sea la mejor forma de
relación con el modelo absoluto. Esta mejor forma de relación
es, no la que se puede medir, sino la que puede ser definida y,
a su vez, definir consistentemente todas las demás relaciones
que puede establecer el ser humano.” RIELO, F. Ibid.
Ver F. RIELO, Ibid, p 125 (Rielo distingue metafísica de
ontología: con el concepto de metafísica se significa la
realidad absoluta ad-intra de las personas divinas en las
propias personas divinas y por las propias personas divinas; con
el concepto de ontología, la realidad ad-extra de las
personas divinas en la persona humana por las propias personas
divinas. Para un estudio de la metafísica y de la estructura
antropológica del ser humano según F. RIELO ver “Hacia una Nueva
Concepción Metafísica del Ser” y “Concepción Genética de lo que
no es el Sujeto Absoluto” publicadas en ¿Existe una Filosofía
Española? y en Raíces y Valores Históricos del
Pensamiento Español, (E.F.R., Constantina, Sevilla, 1988 y
1990 respectivamente).
Y F. Rielo, Tratamiento
Sicoético en la Educación,
(E.F.R., Nueva York, 1996).)
Ver . Papa PÍO XII, Encíclica Humani Generis: AAS 42
(1950) 575. Papa JUAN XXIII, Encíclica Mater et Magistra,
III: AAA 53, (1961), 447Papa PABLO VI, Encíclica Professio
Fidei: AAS 60 (1968) 436.
RIELO, F., “Hacia una nueva concepción metafísica del ser”,
p. 132; para la cuestión epistemológica ver ibid., p.
132-36; para la cuestión ética ver "Concepción genética de lo
que no es el sujeto absoluto," pp. 130-134.
Esto es en contra de aquellos que, como Mary Anne WARREN
consideran que la ausencia de tales criterios justifica el
aborto; ver WARREN, "The Moral and Legal Status of Abortion,"
The Monist, vol. 57, no.1 (January 1973); y Michael TOOLEY,
quién, además, considera el infanticidio justificable; ver
TOOLEY, "In Defense of Abortion and Infanticide," en The
Problem of Abortion, ed. Joel Feinberg (Belmont, CA:
Wadsworth Publishing Co., 1984).
Ver BRODY Baruch "The Morality of Abortion," en Abortion and
the Sanctity of Human Life: A Philosophical View
(Cambridge, MA: MIT Press, 1975). en este artículo BRODY da una
detallada respuesta a la defensa de Judith Jarvis Thomas del
derecho de la mujer embarazada a su cuerpo que cancela cualquier
posible derecho que el feto pudiera tener; ver su "A Defense of
Abortion," Philosophy and Public Affairs, vol. 1 (1971):
47-66.
Ver MARQUIS, Don, "Why abortion is Inmoral," The Journal of
Philosophy, vol. 86, no. 4 (Abril 1989).
MARTYN, Ken "Technological Advances and Roe v. Wade: The Need
to Rethink Abortion Law," en UCLA Law Review 29, 5-6
(Junio-Agosto 1982): 1194-1215.
El Magisterio ha condenado repetidamente al aborto: Santo Oficio
1889 y 1895, Denz 3719 y 3721; Pío XII, Humani Generis:
AAS 42 (1950): 575, y su Discourse to the Obstreticians
(29 de Octubre, 1951); Pablo VI, Professio Fidei: AAS 60
(1968): 436, y en Humane Vitae (1971); y varias
declaraciones de las conferencias episcopales. Ver también la
Declaración sobre el aborto del
Vaticano en 1974.
Ver RODRIGUEZ GUERRO, A. La persona humana frente al dolor,
la vejez y la muerte. Humanización en salud Ed. UTPL,
Loja, Ecuador, 2006, pp 161-203
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