HUMANIZACION DE LA MEDICINA

Autor: Agustín García Banderas

 INTRODUCCIÓN

Se ha vuelto casi un lugar común la afirmación de que la medicina a adelantado durante los últimos sesenta años, como no lo había hecho durante toda la historia de la humanidad. Incluso me atrevería manifestar que no ha sido una evolución de los conocimientos sino un giro copernicano en el ejercicio del arte de jugar, por la irrupción e intervención de una tecnología avasalladora, que cada día saca al mercado nuevos artefactos, fármacos y auxiliares de diagnóstico y tratamiento, impensables para el médico de antaño, que con equipos anticuados para nosotros, iba de casa en casa a visitar a los enfermos en su lecho, para tratar de devolverles la salud si era posible, pero en todo caso para confortarles y consolarles en su aflicción.

Actualmente la relación médico paciente ha variado fundamentalmente y lo que interesa a los profesionales sanitarios es aplicar los conocimientos de última data y exámenes sofisticados, para establecer los diagnósticos más certeros o tratar de descubrir síndromes pocos conocidos y bautizarlos con su nombre. En este hecho radica en mi concepto, el giro copernicano al que me refería anteriormente: ahora el paciente ya no es el centro del astro médico sino la técnica que se utiliza para combatir su dolencia; hemos pasado del antropocentrismo al tecnocentrismo y lo que se ha ganado en cientificismo puro, se ha perdido en la atención humanitaria al doliente.

La reacción frente a este hecho ha sido una desconfianza y sensación de extrañeza crecientes por parte de los enfermos frente al profesional de salud; ellos se sienten inermes y desprotegidos frente a una medicina que se cree omnipotente y que los mira simplemente como casos de estudio o sujetos de experimentación de nuevas drogas o innovadores artefactos. De aquí que añoren los tiempos en que eran tratados como personas y quieras que los profesionales les traten como tales.

Esto es lo que se conoce como “DESHUMANIZACION DEL ARTE MEDIO” James Drane (1) Medicina más Humana, Editorial San Pablo, Bogotá 2006. Indica que “la enfermedad grave lesiona el centro de las personas y disminuye la vida en su funcionamiento físico, espiritual, ético y social.

Al hablar del poder físico indica que el cuerpo ya no resiste las amenazas externas, se debilita y se siente amenazado y por eso busca ayuda del médico como el niño desamparado lo hace con sus padres.

–         La enfermedad afecta al poder espiritual, en el sentido de que es una ruptura de la capacidad de vivir en el sistema de sus propios significados, al verse reducido a la dimensión estrecha de un lecho, en el que no saben si sobrevivirán, lo cual es desconcierto.

–         El ser humano es un ser ético porque tiene una libertad que le permite tomar decisiones responsables. El sufrimiento debilita el poder de decidir y se ve obligado a confiar en la ayuda de los otros. La enfermedad es la enemiga de la acción de la libertad y de la autodeterminación.

–         Hace veinte y cinco siglos, Aristóteles definió al hombre como “Zoon Politikon” vale decir, un animal social que realiza su proyecto vital dentro de la sociedad; cuando la enfermedad grave le aparta de esta, experimenta mayor necesidad de amistad, comprensión y consuelo ya que ha sido arrancado de su medio familiar y confinado a una sala de hospital, lo cual reduce al mínimo su poder e importancia social.

CAUSAS DE LA DESHUMANIZACION

¿A qué atribuir este hecho innegable en la actual relación médico paciente?. De entre muchas causas podemos citar las siguientes:

–         Prelación del racionalismo científico en desmedro de la sensibilidad humana: en los planes curriculares se enfatiza en los conocimientos y destrezas que deben adquirir los futuros profesionales para su ejercicio, pero poco o nada se habla de que el paciente es un ser humano que sufre y que no es una máquina que necesita ser reparada por técnicos expertos. En esta forma los estudiantes van paulatinamente perdiendo sensibilidad ante el dolor y no ven en el enfermo sino un conjunto desarticulado de órganos y tejidos, que deben ser estirpados o restituídos a su funcionamiento de acuerdo a las necesidades.

–         Lo anterior se relaciona con un evitamiento sistemático del tema del sufrimiento humano durante la formación universitaria. Algún autor decía que para entender y atender bien a los pacientes, el médico debía haber sufrido una enfermedad importante, una intervención quirúrgica y haber sido sometido a procedimientos diagnósticos dolorosos. Comparto este criterio.

–         Otra causa importante es la deficiente selección de postulantes que no tienen vocación auténtica. Mi opinión sobre este asunto es que en los exámenes de ingreso a las Escuelas de Medicina, debe priorizarse la evaluación de las cualidades y actitudes que caracterizan la verdadera vocación, sobre los conocimientos básicos sobre materias biológicas y afines.

–         Al no cumplirse el requisito anterior, se corre el riesgo de graduar profesionales que solo buscarán en su ejercicio el beneficio económico y el status social sobre cualquier otra consideración. Este problema se acentúa, cuando se presentan como paradigmas de éxito a profesionales que carecen de calidad moral y humana.

–         Las anteriores se pueden calificar como fallas en la formación. Otras no menos importantes son las que se podrían llamar causas sociales impuestas por el entorno; entre las que se debe enumerar las siguientes:

–         Sobresaturación del mercado por exceso de profesionales: pese a que las cifras estadísticas indican que el número actual de profesionales de la salud es insuficiente para la demanda de servicios por parte de la población, en nuestro país la realidad es distinta, debido a la concentración de los mismos en los grandes centros urbanos y un abandono casi total de cantones y parroquias de poca importancia.

–         Consecuencia de lo anterior es la explotación de los médicos por parte de las empresas de la salud, que imponen su criterio comercial, pagando remuneraciones denigrantes y exigiendo producción cuantitativa y no cualitativa. El lenguaje actual de la sociedad de consumo es la del mercado: cliente, gerencia, productividad, mercado, costo beneficio.

–         Todo lo anterior explica la existencia de médicos deshumanizados, cuyas características se pueden resumir en las siguientes:

–         Médico técnico (reparador de la máquina corporal)

–         Actitud soberbia frente a pacientes y colegas.

–         Menosprecio de la esencia espiritual del ser humano.

–         Insensibilidad ante el sufrimiento del enfermo.

–         Despersonalización de la relación médico-paciente.

HUMANIZACION DE LA MEDICINA

En los siguientes acápites vamos hacer consideraciones de tipo antropológico, ya que Humanizar significa hacer humano. Para llegar al “homosapiens sapiens”, como se define al hombre, han sido necesarios millones de años de proceso evolutivo, durante los cuales se han desarrollado cada vez más las estructuras nerviosas y se han hecho cada vez más complejas e interdependientes. El proceso de Humanización es en gran parte un proceso de cerebralización conjugado con factores ambientales favorables o adversos.

La diferencia entre póngidos y homínidos (2. Juan Masiá Clavel “Bioética y Antropología. Editorial Universidad de Comillas 1968”. (Primates superiores que a través de modificaciones genéticas y neurológicas dieron origen a la especie humana se remonta a 6 a 8 millones de años).

Dentro de la rama de los homínidos, el australo Pitecus, la forma más primitiva, se calcula que apareció hace 4 millones de años y fueron necesarios un millón más para que adquiriera el movimiento de oposición del pulgar, que le permitió elaborar los primeros utensilios. Esta etapa denominada del “homo ábilis”, tiene 3 millones de años de antigüedad; hubo de pasar 1 millón 500 mil años más, para que este primate se ponga de pié (homo erectus) y perciba la realidad circundante con su inteligencia rudimentaria (homo sapiens). Se calcula que estas dos características de la especie se produjeron casi en forma simultánea hace 1 millón y medio de años; y la estirpe homo sapiens sapiens tiene menos de 30 mil años de existencia, pudiendo catalogarse como reciente en el proceso evolutivo.

Lo que diferencia al homo sapiens sapiens de las otras especies es su complejidad: es un ser racional e irracional, ser de violencia y de ternura, de amor y de odio, capaz de tener pensamiento filosófico y efectuar rituales mágicos.

Está dotado de inteligencia abstracta, de conciencia y libertad; pero también de “inteligencia emocional” que es la sensibilidad afectiva y capacidad para elegir sus valores.

Estas cualidades le han permitido sobrevivir, adaptarse y transformar el medio en el que se desenvuelve; es un hecho aceptado que el hombre es un ser excéntrico en el medio y, a diferencia de los animales que están centrados en su medio y cuyas respuestas son instintivas y precisas, necesita adaptarse continuamente para su supervivencia, muchas veces se equivoca pero tiene la capacidad de cambiar su respuesta y aún de modificar su entorno.

Mientras los animales a las pocas horas de su nacimiento ya son capaces de pararse, caminar, alimentarse, el hombre nace en el mayor estado de indefensión e indigencia y con una dependencia radical de los otros; sin la ayuda de ellos no podría supervivir, ya que este hecho depende de la ayuda y la enseñanza que le dan los demás (padres, familia, nodrizas).

Sin embargo de esta debilidad innata, lo que hace la grandeza del ser humano, que le ha permitido dominar a otras especies y a la naturaleza misma es el gran desarrollo del cerebro y su epifenómeno el pensamiento; esta cualidad privativa de la especie lo transforma en un “animal de posibilidades”, que formula proyectos para realizarlos en el transcurso de su existencia.

Además es un ente que se realiza plenamente dentro de la sociedad; de esta manera ha ido formando clanes, luego tribus y por último grandes civilizaciones. Pero al llegar a este extremo, la lucha por el poder cada vez mayor, le lleva a atacar y destruir a sus semejantes y a su entorno con el uso de la tecnología; aquí radica la servidumbre del hombre del siglo XXI que se ha vuelto esclavo de su propio invento. Iniciamos el milenio de la civilización tecnológica, cuyo mal uso puede llevarnos a consecuencias funestas e impredecibles.

La mitología griega relata el mito de prometeo, el titán que compadecido de la vulnerabilidad de los hombres, robó el fuego a los dioses para darles a los seres humanos y por este hecho fue castigado a estar atado a una roca mientras los buitres le roían las entrañas.

VULNERADOR Y VULNERABLE

Lo expuesto anteriormente nos permite afirmar que el hombre es a la vez un animal vulnerador y vulnerable. Según Masiá Clavel (3):  “somos especialmente vulnerables por ser radicalmente ambiguos……. El ser humano va haciendo su vida en y con las circunstancias, a la vez que va haciendo historia. Hecho por las circunstancias las hace; deshecho y rehecho por ella también la deshace …… al hacerlo así crece y madura, pero también a veces se autodisminuye y se autodestruye. Tal es la ambigüedad del crecer humano que no consiste necesariamente en progresar, sino que lleva siempre consigo la posibilidad de la mejora y la decadencia, tanto individual como social e históricamente”.

Por su parte GAZZANIGA (4), de sus estudios neurobiológicos extracta los siguientes conceptos: “La vulnerabilidad del ser humano se asienta en el módulo interpretador del hemisferio izquierdo neocortical que es ambiguo y nos capacita para dar saltos de creatividad o autoengaño. Puede abrir horizontes de trascendencia o ser fábrica de espejismos que le llevan a la pérdida de la salud. En el hemisferio derecho asienta la capacidad de imaginar, contemplar y sentir gratitud por lo que se recibe y otorgar perdón por las ofensas recibidas” en esta dualidad radica lo contradictorio, paradójico e impredecible del ser humano: por un lado es capaz de amar, perdonar, aspirar a una trascendencia mística y por otra parte es el mayor depredador que existe; con capacidad de odio y destrucción, el ansia de poder y la afirmación de su ego le impelen a torturar y matar a sus semejantes y agredir a la casa común de la humanidad: OIKOS y la biosfera.

ASPECTOS FILOSOFICOS

¿En qué se fundamenta el trato humano, humanizado y humanitario que se debe a los pacientes, desde el punto de vista filosófico?. Nada más ni nada menos que en el concepto de DIGNIDAD, la misma que canta (5) la define de la siguiente forma: “en el reino de los fines, todo tiene un precio o una dignidad. Aquello que tiene precio, puede ser sustituído por algo equivalente; en cambio lo que se halla por encima de todo precio y por tanto no admite nada equivalente eso tiene una DIGNIDAD….. Aquello que constituye la condición para que algo sea fin en sí mismo, eso no tiene meramente valor relativo o precio sino un valor interno esto es DIGNIDAD”.

Por su parte Marciano Vidal (6) precisa que: “la DIGNIDAD humana es una cualidad póntica o axiológica que no admite el más o el menos. En la praxis la categoría ética de la DIGNIDAD tiene orientación preferencial hacia todos aquellos cuya DIGNIDAD se cuenta desfigurada (enfermos, pobres, oprimidos, marginados). Esta es una aplicación del principio de justicia en general y de justicia sanitaria en particular”.

Esta DIGNIDAD ontológica (por el mero hecho de ser persona y pertenecer a la humanidad) debe diferenciarse de la “DIGNIDAD ética” que significa la forma de actuar correcta o incorrectamente dentro de la sociedad. Sin embargo aunque un hombre se comporte de una manera indigna, esto es no implica de ninguna forma que pierda su DIGNIDAD intrínseca, que le confiere por una parte el hecho de pertenecer a la especie humana y por otra (especialmente para los creyentes) el hecho de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, de acuerdo a lo que consta en el Génesis.

De lo expuesto anteriormente, puedo concluir que debemos tratar a los demás de acuerdo a la “Regla de Oro de la Moral”, que una de sus versiones dice: “compórtate con los demás como quisieras que ellos se comporten contigo”. La práctica de esta regla traería como consecuencia la optimización moral de las sociedades y evitaría muertes, violaciones, latrocinios y desconfianza mutua entre los hombres.

La aplicación de esta norma al ámbito de la medicina, lleva al concepto del “buen médico” como aquel que suma a la competencia técnica la excelencia moral. Ya Hipócrates hace 25 siglos manifestaba que: “la filantropía es la virtud principal del medio. Si no la tiene su ejercicio será frío, deshumanizado y peligroso. Solamente un hombre humano puede ser un buen médico. La medicina si es ejercida con amor como cosa sagrada solo debe enseñarse a personas sagradas, esto es dignas de respeto y veneración”.

Este es un paradigma ético; infortunadamente en la época histórica que nos ha tocado vivir, en un  mundo globalizado donde el mercado impone sus leyes, el ejercicio médico no se ha librado de este influjo y así vemos que el enfermo es visto como un potencial cliente del que hay que obtener beneficios económicos a cambio de los conocimientos y destrezas que se le proporcione; esta es la visión empresarial de la medicina, cuyos aparatos más sofisticados despersonalizan tanto al paciente como al profesional y en esa forma se ha perdido el contacto humano (físico del examen clínico y espiritual: afabilidad, calidez, tiempo necesario para escuchar activamente sus quejas).

La multiplicación de especialidades y subespecialidades ha dividido la totalidad del ser humano en fragmentos que deben ser tratados por técnicos que dominan la parte que le corresponde, ignorando deliberadamente a la persona dueña del órgano que les interesa. Por esto me veo precisado a citar una frase bastante extendida: “especialista es aquel profesional que sabe todo de nada”.

Para concluir, afirmo que en la relación humanizada médico paciente debe tener primacía la ética de la virtud, ya tratada en otro capítulo y siguiendo el ejemplo de Potter me atrevido a formular el siguiente credo humanizador.